sábado, 10 de abril de 2010

En defensa de los compañeros de Cipolletti que atestiguaron en la justicia federal.



La reciente publicación en el diario Río Negro de una nota que firma la periodista Alicia Miller, donde se utilizan cuatro páginas centrales del matutino del día 8 de abril para descalificar y vilipendiar a víctimas que se animaron a dar su testimonio sobre lo que padecieron en la dictadura en la comisaría de Cipolletti, merece el repudio de las organizaciones y ciudadanos que nos sentimos comprometidos con la verdad y la justicia, respecto de todos los crímenes de esa dictadura: los cometidos por los jefes y también los cometidos por los subordinados de esos jefes, como los comisarios, oficiales, suboficiales y agentes de la policía de Río Negro.

El problema es que quienes han promovido y todavía sostienen las leyes de reconciliación e impunidad, como la obediencia debida y el punto final, (que es el caso del director del diario Río Negro, Julio Rajneri, cuando fue ministro de Ricardo Alfonsín) pretenden seguir defendiendo sus históricos errores que nos han prolongado por décadas la impunidad de delitos que todavía se siguen cometiendo. Y para ello utilizan el poder mediático del que disponen con arbitrariedad, porque en las cuatro páginas del artículo sólo se convirtieron en voceros de una parte de la causa que se sustancia en la justicia federal y ni siquiera se les ocurrió consultar a las personas que demolieron, sin darles una mínima oportunidad de expresarse por el poderoso medio regional que impone y crea “verdad” para miles de personas que repiten sus versiones e ideología, sin ningún sentido crítico. Ni siquiera se molestaron en informar que, por ejemplo, uno de los más denostados ya no podrá defenderse por sí, porque falleció el año pasado y mereció un homenaje en el acto del pasado 24 de marzo en Cipolletti, que ese diario no publicó.

La mejor demostración de la enorme mentira de la objetividad periodística es esta operación de prensa que pretende limpiar a la policía de Río Negro y a los gobernantes y poderosos de la política mediática que, equivocados o con mala conciencia, creyeron que podían incorporar a sus gobiernos a personajes secundarios de la dictadura sin que muchas personas les señalaran que con ello aseguraban la impunidad, la injusticia y la mentira, como ha ocurrido recientemente con el caso del represor Lorenzatti, empleado del gobierno de Saiz, o con el policía del Magro, asesor del IPROSS, entre otros.

La operación del planificado genocidio desplegado en la dictadura para asegurar el plan de miseria planificada que denunció Rodolfo Walsh en su carta a la junta militar de 1977, incluía a todas las piezas del rompecabezas: fuerzas militares y de seguridad, jueces, buchones de los servicios, medios de prensa y también los policías de cada comisaría, por lo menos de todos los lugares donde hubo secuestros y desaparecidos, como es el caso de Cipolletti, ciudad donde fueron secuestradas varias personas que fueron ubicadas aquí, luego de haberse trasladado desde otros lugares del país e incluso del exterior (dos ciudadanos chilenos fueron secuestrados en Cipolletti en el marco del operativo Cóndor), para intentar salvar su vida. Y no fueron ubicadas por casualidad, sino por operaciones de inteligencia realizadas por algunos y garantizadas o al menos toleradas y silenciadas por otros. Ni uno solo de estos policías ha dado apenas alguna pista de lo que sucedió con los secuestrados, aún desaparecidos en la ciudad de Cipolletti, mientras ellos estaban en la comisaría. ¿Nunca se enteraron de lo que hacían los militares asentados en la misma comisaria?

¿Es necesario recordar la enorme cantidad de crímenes impunes existentes en la provincia de Río Negro, con la acción de esta misma policía “inocente” y una justicia muy cuestionada por la sociedad? Esta impunidad ¿no tiene ninguna relación con la impunidad de los criminales de la dictadura?

El colmo de pensar de que alguien que fue hasta buen vecino no puede ser un criminal de la dictadura es una falacia atroz, sólo dicha para sostener otra falacia: que hubo treinta años de investigación judicial de los crímenes de la dictadura, como si hubiera sido continuada, desde el retorno a la democracia hasta hoy y como si no hubiera existido la suspensión de todos los procesos entre 1986 y 2005, gracias a que las leyes de impunidad y los indultos pusieron caminando en las mismas calles a los represores con sus víctimas. Y que esas víctimas, superando esa condición, se convirtieron en testigos para denunciar las vejaciones que sufrieron, aún sabiendo que en este país todavía hay muchos dispuestos a trabar la justicia completa.

La descalificación de los testigos recientes, que en la nota del matutino del día 9 de abril incluye a la profesora Silvia Barco y omiten al primer Secretario General de UnTER, Luis Genga, porque permaneció exiliado en España durante mucho tiempo después de la dictadura, como si antes hubieran tenido garantías para declarar y conseguir justicia, es un acto lamentable, sobre todo contraponiéndolo con las declaraciones de quienes al momento de declarar lo hicieron cuando todavía no existía el manto de impunidad que se estableció desde 1986, como una verdadera traición a la valentía de quienes se animaron a denunciar y testificar en los primeros años de la democracia. Y por supuesto que esto no desmerece la valentía de quienes declararon en los juicios de la verdad, mientras reinaba la impunidad.

La pretensión de fundar los hechos exclusivamente en el valioso dictamen de una comisión provincial que funcionó en los primeros años de la democracia para invalidar las investigaciones y declaraciones posteriores a 2005, cuando terminó la impunidad, es también arbitraria y pretende minimizar que alguno de sus miembros, como Rajneri, fue luego también el impulsor de las leyes de impunidad, algo que no dicen aunque sí se permiten la autoreferencia junto a destacadas personas defensoras coherentes de los derechos humanos hasta hoy. Justamente la pretensión de sostener el “punto final” a las investigaciones de la justicia es bien coherente con esta invalidación de las denuncias más recientes.

Sólo puede entenderse esta postura de la supuesta “caza de brujas” hacia los policías, si la vinculamos con las declaraciones de otros personajes de la política nacional que han sostenido y sostienen la impunidad con indultos a los genocidas o defienden la apropiación ilegal de hijos de desaparecidos, realizada por otros poderosos dueños de monopolios mediáticos. Están en el sector de los que todavía apuestan a la teoría de los dos demonios y piensan en “reconciliar” a la sociedad, sobre la base de la mentira y la injusticia.

Quienes hemos podido escuchar recientemente las declaraciones de Osvaldo Papaleo contando cómo se convirtieron Clarín y La Nación, en socios del Estado en la empresa Papel Prensa, luego de que le fuera quitada a la familia Graiver en una mesa de torturas, ya entendimos la directa relación que existe entre estos monopolios mediáticos y la permanencia de las peores consecuencias de la propia dictadura militar hasta el presente, incluida la enorme confusión ideológica de algún sector de nuestra sociedad, que todavía piensa que puede haber democracia y derechos en base a la desmemoria, la mentira y la injusticia, que suele confundir muy seguido a la venganza o la discriminación con la seguridad, o que piensa en términos racistas o xenófobos muchas de las realidades que no quiere aceptar y que es necesario cambiar con gran esfuerzo de todos.

De todas formas muchos creemos que estas expresiones poco democráticas, aún para los principios del liberalismo político más clásico, son facetas de una realidad política que ha logrado empezar a sustituir la dictadura de la economía y la enorme imposición mediática de opinión pública dominante desde los sectores del poder económico concentrado. Por eso que salgan a la luz estos debates es parte de la necesaria reconstrucción histórica del sentido de la justicia, la igualdad y la democracia por la que seguimos luchando cada día, donde la conquista de la plena vigencia de una comunicación horizontal, democrática, que permita todas las voces de la diversidad y que pueda desnudar los intereses de quienes usan los medios para ejercer su libertad de empresa por encima de otras libertades humanas y elementales, es un objetivo principal.

Luis Giannini. Sec. Gral. CTA Rio Negro.

UN BUEN ARTÍCULO SOBRE ESTE MISMO TEMA ES EL ESCRITO POR PABLO SCATIZZA EN 8300. PARA VERLO : http://www.8300.com.ar/2010/04/09/de-testimonios-verdades-y-discursos-anotaciones-acerca-del-informe-de-alicia-miller/

OTRO MUY BUEN ARTICULO SOBRE ESTE TEMA QUE REVELA LA TRAYECTORIA DE LA FAMILIA RAJNERI Y SU DIARIO CON TODA CLARIDAD ES EL QUE PEGO A CONTINUACION, CON AUTORIZACIÓN AMABLE DE SU AUTOR, EL PROFESOR JOSE ECHENIQUE. SU TITULO ES BIEN INDICATIVO DE LA IDEOLOGÍA QUE SUSTENTA EL MEDIO MONOPOLICO REGIONAL.

Los demonios del diario "Río Negro"

Por José Echenique

En un "informe especial" que interpreta unilateralmente datos parciales de la causa "Reinhold y otros...", Alicia Miller pretende poner en duda si la Comisaría Séptima -actual Comisaría Cuarta de Cipolletti- fue un "centro de detención ilegal" durante los meses previos y posteriores al golpe de Estado de 1976. En una nota posterior, la periodista considera definitivas las conclusiones alcanzadas en los ochenta por la Comisión Provincial de Derechos Humanos de Río Negro. En tres partes, este artículo refuta ambas afirmaciones con el objetivo más general de revisar críticamente la política editorial del diario "Río Negro" en materia de DD.HH. y, en torno a ello, reflexionar sobre algunas problemáticas que rodean a los juicios en curso.


I.- Inconsistencias e incongruencias del artículo de Alicia Miller

Comencemos con la falsedad más evidente del "informe especial" : no sólo testigos recientes señalaron a la Comisaría Séptima de Cipolletti como un centro de detención ilegal, también lo afirmaron otras víctimas durante la instrucción de los años ochenta. Entre las mencionadas por la autora figuran Roberto Liberatore, Pedro Justo Rodríguez, José Antonio Giménez, Eduardo París, Gladys Sepúlveda, Norberto Blanco y Juan Isidro López. La mayoría permaneció allí horas o días y, aunque ninguno de ellos, padeció tormentos físicos, se practicaron interrogatorios a veces presenciados por el comisario Alberto Camarelli y el agente Miguel Angel Quiñones. A estos casos "viejos", según la distinción de Miller, podrían agregársele los de José Luis Albanesi y del adolescente Carlos De Filippis, detenidos "semilegalmente" en 1977 -es decir mediante una causa judicial viciada de todo tipo de irregularidades- y puestos a disposición del Ejército. Entre las "nuevas" denuncias se incluyen las de Edgardo Kristensen, Pedro Alfredo Trezza y Luis Genga (confinados allí antes y después de su cautiverio en "La Escuelita"). A María Cristina Bottinelli se la golpeó y se le dificultó conciliar el sueño cuando estuvo presa por unas dos semanas en la comisaría a fines de 1975.

Respondiendo a la pregunta de Miller: tanto con los testimonios "viejos" como con los "nuevos" es posible concluir que la Comisaría Séptima de Cipolletti fue un centro ilegal de detención de presos políticos. La dependencia funcionó como un lugar "de paso" previo a su traslado a la prisión o a lugares de cautiverio y torturas. Cuando las derivaban a "La Escuelita", las víctimas eran encapuchadas dentro de la comisaría y en la misma condición regresaban días o semanas después con las marcas físicas y psíquicas de las torturas padecidas. En dos oportunidades, la policía de Río Negro mantuvo de rehenes a las familias de personas seleccionadas para su detención, en una especie de prisión domiciliaria extorsiva que finalizaba cuando los buscados se entregaban a las autoridades.

Quedaría por aclarar si también fue un lugar habitual de torturas físicas, puesto que las psicológicas comienzan desde el mismo momento en que una persona es privada ilegalmente de su libertad para permanecer, sin saber cuál es su situación, en un estado de total desamparo y a merced de sus captores. Quizás todo el equívoco proviene de esa manera eufemística con que la justicia se refiere a los lugares de cautiverio y torturas. El término "Centro Clandestino de Detención" no dice nada sobre la principal finalidad que tuvieron los campos de concentración y exterminio argentinos: provocar terror en la población en general, aniquilar a una parte de los cautivos y "quebrar" física y psicológicamente a quienes sobrevivieran a sus horrores. Aunque incluye el carácter ilegal del "centro" al caraturarlo como "clandestino", la definición excluye nada menos que a la tortura y al exterminio sistemáticos. Es por eso que hablar de CCD equivale a adherir a cierta visión de nuestro pasado reciente, discurso que aún prima en la institución judicial y en amplios sectores de la sociedad.

No hay hasta el momento ningún indicio que sugiera que en la Comisaría Séptima de Cipolletti o en otras dependencias similares de ambas provincias se hubiera asesinado a presos políticos, pero sí existen sobradas pruebas de que allí se practicaron torturas psicológicas y físicas. Dejemos de lado las primeras, no por menos importantes, sino porque no hacen al meollo del artículo aquí analizado. También dejemos de lado los casos de la ex Comisaría Cuarta de Cutral Co y la Delegación Neuquén de la Policía Federal por largamente probados. Miller cuestiona que la comisaría cipoleña fue un centro de torturas al dudar de la veracidad de los "nuevos" testimonios de Ricardo Novero, los hermanos Pailós, Raúl Sotto y Oscar Contreras a quienes incluso atribuye una intencionalidad interesada: cobrar las indemnizaciones que el Estado nacional otorga a los presos por razones políticas. El análisis de la autora se vale de supuestas contradicciones en los dichos de aquellos y en la ubicación física de la Comisaría Séptima: en plena urbe, cerca de un banco, un colegio, etc.

Con respecto a éste último razonamiento, si cabe llamarlo así, baste recordar que muchos lugares de cautiverio y torturas fueron emplazados en lugares altamente poblados. La lista sería interminable, pero para no ir más lejos recordemos que la Delegación de la Policía Federal, dependencia de la cual nadie pone en tela de juicio su utilización como centro habitual de tormentos, también estaba emplazada a dos cuadras de la casa de gobierno en pleno centro de la capital neuquina. Los torturadores, además, tenían varias maneras de amortiguar los gritos de sus víctimas, siendo el más común encender radiotransmisores a alto volumen, método que fue usado en "La Escuelita" de Neuquén pese a su relativo aislamiento. En suma: el sitio de emplazamiento de la comisaría es un argumento frágil, casi pueril.

Vamos a la segunda objeción: las "inconsistencias" e "incongruencias" de las víctimas. Primero, sería bueno recordar que el grueso de la prueba de estas causas descansa en los testimonios de los sobrevivientes por responsabilidad primaria del Estado nacional, el cual con sus leyes de impunidad e indultos interrumpió las investigaciones abiertas a mediados de los ochenta. La escasez de la prueba documental, además, se debió a la destrucción, deliberado ocultamiento o reticencia a aportar datos por parte de las instituciones de los Estados nacional y provinciales (FF.AA., SIDE, policías federal y provinciales, justicia, etc.). En este sentido, invitamos a la autora a constatar en la causa "Reinhold y otros" la innumerable cantidad de pedidos de informes y de documentación que fueron ignorados, retaceados o negados a la justicia. En segundo lugar, es obvio que los relatos de las víctimas van a adolecer de imprecisiones. En el caso de los testimonios "nuevos", la memoria no puede permanecer indemne más de treinta años después. La autora además omite que las víctimas "viejas" también incurren en algunos errores menores, como no saber exactamente la fecha de su detención o de algún traslado o creer haber visto a alguien en un lugar que por lógica no podía ser tal. Su afirmación de que las víctimas "viejas" repiten sin variaciones las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que fueron privadas de su libertad y torturadas tampoco tiene en cuenta las "ventajas" que han tenido sobre las "nuevas": cuando declararon por primera vez, hacía menos tiempo que habían sucedido los hechos, tuvieron la oportunidad de releer su primeras exposiciones y, además, cuando se toma una nueva declaración es requisito leer al testigo las anteriores. Tampoco es cierto que ninguna de las víctimas "viejas" haya visto a los "nuevos" denunciantes porque, si bien no los mencionan con nombres y apellidos, algunos afirman que en la comisaría había más personas cautivas de las que podían identificar.

Otra notable falacia de la nota es usar a su favor la constancia de que la comisaría permaneció "ocupada" por fuerzas militares comandadas por el teniente primero Gustavo Vittón desde el 24 de marzo de 1976 hasta principios/mediados de mayo del mismo año, puesto que muchos de los casos que Miller considera verdaderos ocurrieron antes del golpe, como el de María Cristina Botinelli o Juan Isidro López, o luego de que los militares "desocuparan" la dependencia policial, como sucedió con Pedro Trezza o Roberto Liberatore.

La autora no menciona la cantidad de congruencias que presentan las declaraciones por ella cuestionadas, como la coincidencia en el momento en que estuvieron en esa comisaría -los errores en la fecha exacta pueden subsanarse con registros documentales-, que se mencionan mutuamente, que describen de manera aproximada las "salidas" a que eran sometidos, que nombran a otros posibles testigos de sus detenciones y permanencia en la dependencia y que en los legajos laborales de algunos figura que estuvieron a "disposición policial" en fechas cercanas. Es decir, Miller tuvo en cuenta sólo las diferencias que surgen entre esos relatos, práctica no muy recomendable para una valoración integral de los mismos.

Entrando en cuestiones muy particulares, la autora afirma que Pedro Justo Rodríguez no menciona haber visto a Ricardo Novero, cuando ambos se encontraban cautivos en la comisaría, pero Rodríguez sí dijo haber visto a un joven comunista del sindicato de empacadores de la fruta que podría tratarse de aquel. Rodríguez permaneció allí hasta el 8 de abril, según consta en los libros de la U9. Ese dato documental desmorona la insinuación de Miller respecto a que podría haber una intencionalidad (¿de quién o de quiénes?) para extender el periodo de cautiverio de Rodríguez con el fin de "dar tiempo de llegar" a la comisaría a nuevas víctimas. Un absurdo malintencionado.

Siguiendo con refutaciones singulares, la detención de Raúl Sotto figura en su legajo laboral, diga lo que diga la directora del hospital donde trabajaba. La comisaría de Cipolletti no registró su ingreso como tampoco lo hizo con los casos que la autora no pone bajo una sombra de duda, y esa circunstancia, además, sirve para sostener la veracidad del testigo, puesto que la costumbre era no dejar constancia de los presos políticos en los libros. Que los médicos de la U9 no hayan anotado las lesiones que Sotto asegura sufrió como consecuencia de la tortura física tampoco es concluyente, porque ese cuerpo médico no asentó otros tantos casos "viejos" no sospechados de mendaces por la periodista.

Se podría seguir así con los demás testimonios, pero resultaría incomprensible para quienes no han leído la totalidad de la causa o para quienes, como Miller, sólo han leído un fragmento de ella. Esos detalles, al fin y al cabo, deberán ser sopesados por jueces que esperemos tomen más precauciones que la autora de la nota. No se trata aquí de afirmar que esos testimonios son verosímiles en todos sus aspectos o que no deban ser cotejados con otros datos de la causa, sino sólo destacar que esa labor requiere, además de mayor profundidad y precisión, mayor recaudo y respeto hacia personas que sufrieron allanamientos, detenciones ilegales, malos tratos, torturas psicológicas y, si se les cree a ellos y no a los imputados, también torturas físicas.

Además de los aspectos fácticos, la nota de Miller adolece de un trasfondo ético perverso al revictimizar a los sobrevivientes, como otros han señalado . Si bien no se trata de una palabra contra la otra porque la causa tiene documentos que respaldan a la parte acusatoria, sigamos en este punto su razonamiento. Simplifiquemos así la cuestión: ¿Qué relatos resultan más creíbles: los de personas que exponen ante los demás circunstancias terribles arriesgando incluso su vida -Jorge Julio López sigue desaparecido- o los de personas sospechadas de estar involucradas en actos ilegales del calibre de las investigadas? ¿A quién creer: a las víctimas o a los victimarios? ¿A quiénes callaron durante años por miedo o a quienes lo hicieron por conveniencia, complacencia y/o complicidad con lo sucedido?

Lo anterior no significa que un victimario no pueda ser veraz. Muchos datos importantes de la causa fueron aportados por un civil, Miguel Suñer, quién sacó fotos a cautivos de "La Escuelita". Pero, a diferencia de los imputados que hablan ahora para deslindar responsabilidades o a testigos que relatan parcialmente ciertas circunstancias para aparecer como colaboradores de la investigación judicial, la información que Suñer ofreció incriminaba -además de a sí mismo- a un conjunto de personas que por entonces no sólo no estaban procesadas, sino que ni siquiera habían sido identificadas. Quedará también en manos de los jueces determinar si se trata de una declaración sesgada y oportunista que sólo sirve para respaldar una acusación contra imputados ya muy comprometidos y otros casos de sincero arrepentimiento. En mi opinión, sin embargo, esa labor viene siendo realizada con mal tino, como mostró la diferente actitud del Tribunal Federal Oral de Neuquén hacia el médico López Proumen (el primer militar que en los ochenta reconoció la existencia de "La Escuelita", se autoincriminó y terminó procesado) y policías provinciales de Neuquén que treinta años después reconocieron haber participado de secuestros mediante relatos parciales, en ciertos puntos inverosímiles y carentes de información nueva.

Las instituciones victimarias, una por una

Al igual que en el resto del país, el Estado terrorista fue implantándose en la Norpatagonia de manera gradual. Las actividades de grupos parapoliciales y algunas razzias policiales comenzaron en 1974 y se incrementaron en 1975. El sistema de represión política combinó desde entonces dos modalidades interrelacionadas y complementarias: la semilegal y la clandestina. Su imbricación se volvería aún más tangible luego del golpe de Estado.

La semilegal consistía en allanamientos y detenciones efectuadas por las policías provinciales y federal, con la participación entre bastidores de personal de Inteligencia del Ejército. Aunque estuvieron principalmente dirigidas a personas sospechadas de participar en las organizaciones guerrillas, abarcaron también a otros grupos de izquierda y de centroizquierda. Pese a su apariencia legal, esos operativos y procesos judiciales estuvieron viciados de graves irregularidades y arbitrariedades. Su carácter intimidatorio queda en evidencia ante la ausencia de juicios y condenas contra los procesados.

La modalidad clandestina surgió primero en Río Negro y fue organizada desde la jefatura de la policía provincial comandada por Benigno Ardanaz. En Neuquén sus impulsores fueron el Destacamento de Inteligencia del Ejército 182, la Policía Federal y el rector-interventor de la UNCo. Remus Tetu. Hay indicios de que también habrían participado miembros de "grupos de choque" sindicales y partidarios. Las dos bandas se relacionaron y compartieron integrantes, como ejemplifica el caso de José Luis Cáceres. Las tareas parapoliciales consistían en infiltrar organizaciones políticas, proferir amenazas anónimas, atentar contra la propiedad y la vida de personas y efectuar fugaces y salvajes secuestros e interrogatorios. Además de presuntos guerrilleros, sus "blancos" incluyeron a sindicalistas, periodistas, médicos, docentes, artistas, estudiantes, etc.

La complementación entre los métodos clandestino y semilegal surge de analizar el modus operandi del conjunto del sistema represivo. Las dos formas perseguían a las mismas personas, en especial a dirigentes o militantes de la promontonera Juventud Peronista-Regional VII y de los partidos Comunista, Socialista de los Trabajadores, FIP, etc. Ambas modalidades intervenían, interrumpían o "embarraban la cancha" de los conflictos sociales. Un ejemplo: durante 1975, la UNTER concretó un extenso plan de lucha por viejas demandas insatisfechas. Mientras se desarrollaba la protesta hubo tanto detenciones semilegales contra docentes como amenazas e intimidaciones de la Triple A. Un atentado explosivo contra el Consejo de Educación -a falta de datos contrarios, seguramente efectuado por grupos parapoliciales- dejó al gremio en una endeble posición ante la opinión pública y su huelga culminó poco después. Con un tenor parecido transcurrieron los conflictos de Hipasam en Sierra Grande, de INDUPA en Cinco Saltos, de los empleados públicos y otros. Las características de la "comunidad informativa" mencionada por Miller brinda una prueba más. Esa institución fue creada, como afirman varios testigos, para la asignación de roles y tareas entre todas las fuerzas de seguridad y militares, tanto las que actuaban de forma "diurna" como "nocturna".

Es cierto que la plana mayor de la policía rionegrina se autoacuarteló en 1975 para lograr la separación de Ardanaz, como es igual de cierto que dos años antes le ofrecieron apoyo, junto con la regional rionegrina de la CGT, para impedir su destitución impulsada por peronistas de izquierda y comunistas. En el caso de Neuquén, los relatos y hechos sugieren que el gobierno y la policía provincial fueron renuentes a la acción de los grupos parapoliciales como apunta la temprana detención de José Luis Cáceres. Pero, paralelamente, la CGT neuquina junto con el MPN, marcharon para pedir la continuidad de Remus Tetu como rector-interventor y, según testigos, parte de los salarios de la célula local de la Triple A eran abonados con fondos que provenían de sectores legislativos de aquel mismo partido. No se niega que la policía de Río Negro -o incluso la de Neuquén- estaba atravesada por una interna entre "duros" y "blandos", para llamarlos así, sino que se destaca que los últimos también practicaron una persecución política por medios contrarios a derecho aunque, claro está, no de la gravedad de los usados por la bandas parapoliciales.

Después del golpe de Estado, ambas modalidades se fusionaron aún más al centralizarse la represión política. A la cabeza se colocó al Comando de la Subzona 5.2., seguramente integrado por el Estado Mayor de la Sexta Brigada y el jefe del Destacamento de Inteligencia 182. El Comando se encargó de coordinar y asignar las tareas que, dentro de ambas modalidades, cumplirían todas las fuerzas involucradas. Inmediatamente después se ubicaba el grupo encargado de las actividades netamente clandestinas, es decir la Plana Mayor del Destacamento de Inteligencia 182, el personal militar y civil de la misma dependencia y efectivos de la Policía Federal. Hay indicios en la causa que permiten suponer que por momentos existió cierto "conflicto de competencia" entre ambos tentáculos de la represión. Al contrario de lo concluido por la Comisión de Derechos Humanos de Río Negro, todo parece indicar que el modo semilegal fue principalmente orquestado desde la jefatura del Comando Subzona (ocupada la mayor parte del tiempo por José Luis Sexton secundado por el mayor Oscar Lorenzo Reinhold en el área de inteligencia), mientras que la clandestina, relativamente independiente de la anterior, fue encabezada por el teniente coronel Mario Alberto Gómez Arenas.

No hay dudas, entonces, de que la totalidad del aparato represivo -incluido el poder judicial- cumplió un rol en la persecución política. Ahora bien, hubo diferenciación de actividades, jerarquías y estatutos entre los distintos grupos. Muchos integrantes de las bandas parapoliciales pasaron a formar los grupos de tareas y a encargarse operativamente de "La Escuelita". Vale decir: eran los ejecutores principales de los secuestros, las torturas, los asesinatos, los enterramientos, etc. Los operativos "diurnos" o semilegales estuvieron a cargo de fuerzas conjuntas donde se mezclaban oficiales y tropas del Comando Sexta Brigada, del Batallón de Ingenieros, de la Policía Federal, de las policías provinciales y en algunos casos de Gendarmería. La Delegación Neuquén de la Policía Federal fue un centro habitual de detenciones ilegales y de torturas físicas. Hasta donde se sabe, la U9 y la U5 se usaron como "depósito" -para usar el lenguaje judicial- de los detenidos semilegales, pero hay testimonios que aseguran que pasaron por allí secuestrados y que se practicaron interrogatorios con golpes y amenazas. Las comisarías y alcaidías de las policías provinciales fueron lugares para la permanencia de presos políticos y, ocasionalmente, también se utilizaron como centros de interrogatorios bajo tormentos físicos. Las justicias provinciales y federal se encargaban de garantizar el encubrimiento de los hechos y la impunidad de los ejecutores al no investigar los ilícitos denunciados y rechazar los recursos de habeas corpus de los familiares de las víctimas.

Aquella división de tareas no excluye la complementariedad. Unos pocos ejemplos: las policías provinciales -y en especial sus agentes de inteligencia- participaron de algunos secuestros cubriendo la retaguardia del grupo de tareas o liberando la zona. En otros casos, eran los miembros del grupo de tareas quienes -vestidos de civil y semidisfrazados- acompañaban a las fuerzas militares y policiales uniformadas en sus operativos "diurnos". Los detenidos pasaban de la modalidad semilegal a la clandestina dentro de las comisarías y prisiones mediante el acto simbólico de colocarles una capucha sobre sus cabezas.

El reconocimiento de esas diferentes funciones no implica, como desliza Miller, que las personas ubicadas en las instituciones de menor jerarquía dentro del aparato de represión política -como parece ser el caso de las policías provinciales- deban ser exceptuadas de procesamiento, debido a que cumplían órdenes que, vale subrayar, eran ilegales e ilegítimas. Exceptuando a los pertenecientes a las áreas de inteligencia -puesto que trabajaban allí por decisión personal-, no hay dudas de que existieron casos -y quizás muchos- en los cuales oficiales y suboficiales de las policías provinciales, de los servicios penitenciarios e incluso de las fuerzas militares acataron sus roles a desgano o a regañadientes. Pero así hayan representado papeles secundarios o así hayan transgredido ciertas normativas para aminorar el sufrimiento de las víctimas o de sus familiares, fueron partícipes de la consumación material del genocidio y tienen, por tanto, responsabilidad penal.


II.- ¿Fue el diario "Río Negro" un "defensor de los DD.HH."?

Vayamos entonces al segundo de los asuntos abiertos por los artículos de Miller. El diario "Río Negro", es sabido, posee un halo de medio de prensa defensor de los DD.HH. entendidos en un sentido acotado: es decir, en asuntos vinculados con la represión ilegal del Estado cometida entre 1974 y 1983. Como ese "galardón" no figura por escrito, es válido suponer que lo obtuvo por sus coberturas de los conflictos sociales de los ´60 y ´70, por haber informado sobre detenciones y secuestros durante los años de la dictadura, por haber dado espacio a los organismos de DD.HH en el mismo periodo, por la participación de su director Julio Rajneri en la Comisión de Derechos Humanos de Río Negro en los ochenta y por el seguimiento de los juicios posteriores. Esa caracterización halagüeña de la política editorial del periódico, siempre en materia de DD.HH. definidos de aquella manera, está tan arraigada que cuenta incluso con el aval del periodista Horacio Verbitsky, quien deslizó al respecto una frase durante una entrevista televisiva difundida hace unos años con motivo del tratamiento de otro tema.

Para adelantar conclusiones, sin embargo, esa verdad vox populi adolece de cierta desmesura y soslaya que la política editorial del diario siempre se ha enmarcado en la "teoría de los dos demonios" y en ciertas argumentaciones cercanas a la obediencia debida. En tal sentido, los recientes artículo de Miller -cuyos lineamientos generales extendemos al conjunto del periódico- son sólo el último botón de muestra.

Comencemos desglosando la primera de las razones por las cuales se califica al "Río Negro" como un defensor de los DD.HH. Entre 1966 y 1976, el diario tenía una política editorial de neto corte liberal. A diferencia de las características de esa tradición de pensamiento en la Argentina y en América Latina, la línea editorial del periódico sostenía esa ideología tanto en el terreno económico como en el sociopolítico. Criticaba la intervención del Estado en la economía y al mismo tiempo abogaba por las libertades y garantías individuales (libertad de asociación, de reunión, de expresión, etc.). Fiel a esa postura, sus editoriales estuvieron entre las primeras voces que se alzaron contra el gobierno de facto de la autonominada "Revolución Argentina", del cual condenaba sus intentos corporativistas, su febril anticomunismo, sus "soluciones" represivas, su intervención en las universidades, etc. Las coberturas de los conflictos sociales y políticos eran bastante extensas y, en plena dictadura, se atrevían a denunciar sucesos álgidos para el gobierno dictatorial como las torturas contra obreros en el "Choconazo". Dentro el contexto histórico de entonces, el diario "Río Negro" tenía una línea editorial de centro con tendencia hacia la centroderecha cuando se trataba de política económica.

Entre 1966 y 1976 la dirección del medio estuvo a cargo de Julio Rajneri y de Nélida Rajneri de Gamba (quien fue decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNCo. bajo el rectorado de Remus Tetu). Oriundo de General Roca, como toda su familia, Julio Rajneri fue convencional constituyente durante la provincialización de Río Negro y funcionario público en gobiernos de la Unión Cívica Radical, actuó como asesor legal del Sindicato de Obreros Empacadores de la Fruta y fue detenido por las autoridades militares durante el "Rocazo". En ocasión de esa pueblada, el periódico por él dirigido fue censurado y años más tarde sufrió un atentado de las bandas parapoliciales. Esa enumeración de acontecimientos sugeriría dos cosas: primero, que algunas prácticas de Julio Rajneri tenían ciertas incompatibilidades con el ideario liberal (participó de gobiernos semidemocrático que llegaron al poder gracias a la proscripción del peronismo); segundo, que como colaborador de gremios y preso político de la dictadura podría considerársele, para usar términos de aquellos tiempos, una persona "progresista". Pero situémonos en el contexto histórico.

El "Río Negro", como cualquier medio de prensa, no fue solo un testigo parcial de los acontecimientos regionales: fue parte activa de los mismos. El periodo transcurrido entre 1966 y 1976 estuvo signado por pujas distributivas entre los diferentes subsistemas rionegrinos (el Alto Valle, los valles Inferior y Medio y el Área Cordillerana) y entre las ciudades del Alto Valle. Esas disputas se focalizaban en el reparto del presupuesto provincial. Si bien General Roca había sido hasta entonces la urbe principal del Alto Valle, hacía años que Cipolletti detentaba un crecimiento económico mucho mayor sustentado fundamentalmente en el patrón de asentamiento de las empresas empacadoras de la fruta. Sin ese trasfondo, es imposible comprender en qué consistieron las puebladas llamadas el "Cipollettazo" y el "Rocazo", ambas iniciadas por los sectores dominantes y/o las elites de esas localidades. Los disparadores de esos "azos" eximen de mayores comentarios: desde dónde partiría el camino hacia El Chocón y la creación de una circunscripción judicial en Cipolletti.

No debe extrañar, por tanto, que el periódico apoyara a uno de los sindicatos más cercanos a la CGTA de toda la Norpatagonia, ni que Julio Rajneri lo asesorara legalmente, puesto que las protestas de los obreros del empaque de la fruta estaban dirigidas contra una patronal cuyos socios locales estaban mayoritariamente radicados en Cipolletti. La clara toma de posición de la familia Rajneri a favor de General Roca influyó también en las coberturas del diario ante ambas puebladas. Como se podrá imaginar, una fue minimizada ("no compre el Río Negro" sugerían afiches en las calles de Cipolletti), mientras que la otra fue exaltada e interpretada de tal manera que podríamos hablar de una "versión rajnerista" de aquel acontecimiento. Julio Rajneri fue apresado durante la segunda parte del "Rocazo" por haber sido uno de los instigadores de aquella pueblada que devino en una semiinsurrección popular antidictatorial. Su breve detención está relacionada con las pujas redistributivas entre las elites locales, disputas que recurrieron a la desobediencia civil para hacer frente a la sordera de unas FF.AA. que habían clausurado los canales institucionales para la resolución de los conflictos.

Hubo otra puja intercapitalista-interelite que brindó al diario "Río Negro" buena parte de su aura progresista. Impulsada por el Estado nacional, circulaba por entonces la idea formar la "región Comahue", es decir tender hacia la unificación administrativa de Río Negro y Neuquén. Ese proyecto naufragó por arbitrariedades del PEN y por la contraposición de intereses que primaban entre los sectores dominantes de ambos lados del río Limay. A la burguesía comercial/contratista neuquina, nucleada fundamentalmente en el recién creado MPN, no pareció interesarle demasiado compartir con sus pares rionegrinos las ventajas que obtenía mediante su flamante posición de clase dirigente, máxime cuando la economía neuquina perfilaba a crecer sostenidamente mediante la explotación de sus recursos energéticos. Otras causas que distanciaban a las elites de ambas provincias eran sus muy diferentes actividades económicas, sus orígenes étnico-nacionales y sus pertenencias político-partidarias.

Hasta 1970, Julio Rajneri fue un fuerte defensor de la "región Comahue" llegando a pensar que podría competir con el Gran Buenos Aires. Una sucesión de roces con los dirigentes neuquinos, sin embargo, fueron haciéndolo desistir de esa idea. No vamos a enumerar aquí toda la secuencia, simplemente mencionaremos hechos que fueron cruciales: el papel del MPN durante el "Cipollettazo", los tironeos por la radicación de la sede central y de las facultades de la UNCo. y la creación del diario "Sur Argentino". Este periódico, dirigido por la familia Sapag, terminó con el cuasi monopolio zonal que el "Río Negro" detentaba hacía años en materia de prensa escrita.

El distanciamiento de Julio Rajneri con los Sapag tuvo repercusiones en la política editorial del diario roquense: la agencia Neuquén tendió a seguir una política editorial de centroizquierda. Para beneficio de los futuros historiadores, ambos periódicos regionales ofrecían extensas notas sobre los acontecimientos, informaciones u opiniones que cuestionaran de una u otra manera la hegemonía local de aquellas familias. El “Sur Argentino”, un pasquín partidario por dónde se lo mire, llamó “Roscazo” al “Rocazo”, atribuyó al “apetito egoísta de los roquenses” los conflictos por la radicación de la UNCo. y calificó varias veces de “diario gorila” al “Río Negro”. Éste, más elíptico y elegante, destinó muchas páginas a dar voz a los opositores del MPN: el movimiento estudiantil radicalizado, la Iglesia Católica, los sindicatos y partidos de izquierda y el conjunto del peronismo y el ucerreísmo. La columna de Ana Tole, pseudónimo de Jorge Gadano, tenía como destinatario predilecto de sus burlas e ironías a un gobierno emepenista, también criticado en otros artículos que denunciaban maniobras ilícitas con el erario público neuquino. La política editorial del diario "Río Negro", en resumen, estuvo segmentada provincialmente entre una agencia de neto tinte centroizquierdista conducida por Carlos Galván y las otras más próximas al centro del espectro político-ideológico de entonces.

Continuemos ahora con el papel del "Río Negro" ante los conflictos sociales y la represión política. Consecuente con su posición ideológica, antes de 1973 dio amplia cobertura a esas problemáticas, pero esa línea sufrió modificaciones en los años iniciales de la represión ilegal y semilegal. Algunos de esos cambios pudieron haber tenido relación con su posicionamiento respecto a la emergencia de las guerrillas. Su calificación como terroristas data desde el asesinato de Pedro Eugenio Aramburu por parte de los Montoneros. El surgimiento de la insurrección armada por parte de jóvenes de "clase media y alta" era explicada por su origen peronista, donde, según la editorial, convergían "ultramontanos" de la "ultraderecha católica, fascista y marxista" agrupados por su "culto a la violencia", a la "heroicidad" y a los "superhombres" de la filosofía romántica alemana. Esas apreciaciones, sin embargo, solían ser contrabalanceadas con otras contrarias a la violencia proveniente de las instituciones.

La novedad en la etapa abierta tras las elecciones de 1973 consistió en que, de allí en adelante, la violencia política aparecería separada del Estado. En efecto, cuando el diario atacaba por igual al "terrorismo de izquierda y de derecha", omitía que la segunda provenía de las esferas gubernamentales y de los aparatos represivos. Esa modificación concordaba con una prematura versión de la "teoría de los dos demonios", instalada por los grandes medios de prensa cuando explicaron la masacre de Ezeiza como un enfrentamiento armado entre la izquierda y la derecha peronista. Es llamativo que esa postura no varió siquiera cuando la agencia Neuquén publicó una entrevista a un sindicalista, totalmente desvinculado con la guerrilla, que aseguró haber sido testigo de la emboscada tendida por la derecha peronista en ese acontecimiento. Tampoco cambió cuando velada o directamente el diario relacionaba a la jefatura de la Policía de Río Negro con los atentados de la Triple A. Cabe preguntarse por qué el periódico se mantuvo dentro del discurso oficial cuando no era desconocido que el terrorismo de la derecha provenía de grupos parapoliciales, es decir, tenía relación directa con el Estado.

En segundo lugar, sus coberturas sobre los operativos semilegales no solían constatar si había habido irregularidades en los allanamientos o arbitrariedades en las detenciones. Con la excepción de algunas notas redactadas por la agencia Neuquén, ese tipo de noticias tendieron a transformarse en transcripciones de los partes policiales. Es plausible deducir que el periódico consideró perfectamente legales a ese tipo de razzias, una interpretación que reiterará aunque con matices diez años después la Comisión de Derechos Humanos de Río Negro. Muchos de los detenidos bajo esa modalidad efectivamente eran miembros de organizaciones armadas, pero tal evidencia no convertía a dichos procedimientos en ajustados a derecho. Otra diferencia radica en que, en el periodo anterior a las elecciones de 1973, se daba en ese tipo de noticias más espacio a los afectados directos o a sus familiares, mientras a partir de 1974, y cada vez en menor medida, se publicaban exclusivamente comunicados de denuncia y repudio de las organizaciones políticas afectadas o de otras que se solidarizaban con aquellas.

Siempre gradualmente, por último, esas noticias fueron agrupadas con otras de índole policial o fueron tratadas como tales. En ese sentido, hacia 1974 y fundamentalmente hacia 1975, el "Río Negro" entró en un proceso de autocensura que, entre otras cuestiones, se manifestó en una paulatina pérdida de espacio para las informaciones referidas a conflictos sociales que tuvieran relación con partidos o sindicatos de izquierda y/o de centroizquierda. Valga como ejemplo que el periódico dio amplia difusión a las denuncias del rector-interventor Remus Tetu y a su desmantelamiento del proyecto de "universidad al servicio del pueblo", mientras que las respuestas del bloque que había gobernado la UNCo. hasta 1975 fueron publicadas mayormente en forma de solicitadas.

En marzo de aquel mismo año, el "Río Negro" sufrió un atentado planificado y ejecutado por la banda parapolicial formada por Remus Tetu. Según relató José Luis Cáceres, los disparos efectuados desde un automóvil oficial de la UNCo. se motivaron en el enojo del espía civil del Ejército Raúl Guglielminetti ante noticias redactadas por la agencia Neuquén. Es válido suponer, entonces, que ese ataque tuvo el propósito de intimidar a los periodistas de dicha agencia más que al diario en su conjunto.

Continuemos con el periodo inmediatamente posterior al golpe de 1976. Aquel 24 de marzo, mientras en ambas provincias se sucedían numerosas detenciones y allanamientos, el todavía comandante de la Sexta Brigada, Horacio Liendo, convocó a los corresponsales de prensa y a los directores de los diarios locales Luis Sapag y Julio Rajneri. Según relató Carlos Galván, en esa reunión se anunció que, a partir de ese momento, los periódicos tendrían que publicar exclusivamente la información oficial y, antes de imprimirse, debían enviarse las pruebas de galera a las autoridades castrenses. Julio Rajneri replicó que ese método era impracticable porque su medio se editaba en General Roca. Horacio Liendo, entonces, accedió a exceptuar al diario de ese requisito a cambio de un compromiso de no editar nada extraoficial.

En los días siguientes, el diario difundió información oficial sobre los procedimientos llevados a cabo por las fuerzas conjuntas hasta que, el 26 de marzo, anunció en tapa que estaba volviendo la normalidad al país y había calma total en el Comahue. De ahí en adelante, las notas referidas a la represión política fueron muy escasas, muy escuetas y la mayoría se originaron en la agencia Neuquén. Mencionaremos algunas. Calificándolos de "presuntos secuestros", en junio se dio cuenta de las privaciones ilegítimas de la libertad de Alicia Villaverde, Susana Mujica, Alicia Pifarré, César Dante Giribaldo y Darío Altomaro. El 20 del mismo mes se volcaron extractos de un comunicado del Comando Subzona 5.2, donde las autoridades militares reconocían que el Ejército y las fuerzas de seguridad habían estado practicando detenciones de integrantes del PRT-ERP (organización mencionada como la agrupación “puesta fuera de la ley en primer lugar”) y se des-responsabilizaban de los secuestros que había efectuado el grupo de tareas, atribuyéndolos a las “organizaciones subversivas”. En agosto la agencia Neuquén informó sobre un operativo de búsqueda de un fugitivo. Muchos años después se supo que se trataba del sindicalista de la UOCRA Hugo Innostroza, quien se había escapado de "La Escuelita".

Concluyendo el repaso, desde el golpe de Estado de 1976 el diario "Río Negro" dio una cobertura muy exigua a la represión ilegal del Estado en la zona cuando ésta estaba en pleno apogeo. Como contrapartida, los organismos de DD.HH. y los familiares de los desaparecidos tuvieron lugar desde el inicio de sus reclamos y el espacio a ellos dedicado se iría ampliando con el paso de los años y el desgaste de la dictadura. Posteriormente, Julio Rajneri participó de la Comisión de Derechos Humanos de Río Negro y a mediados de los ochenta el periódico dio amplia difusión a las primeras investigaciones judiciales sobre los delitos de lesa humanidad cometidos en la región, una política que continúa hasta la fecha.

La trayectoria del "Río Negro" muestra que desde 1966 hasta 1973 fue un periódico claramente consustanciado con el respeto a las garantías procesales en consonancia con su política editorial. Esa línea, sin embargo, comenzó a volverse más laxa durante los primeros años de represión ilegal (1974-1976), al desvincular conceptualmente al Estado de la "violencia de la derecha", al no constatar o no difundir las anomalías de los operativos semilegales, al "policializar" acontecimientos de índole política y al destinar cada vez menos espacio a ese tipo de hechos. Esa tendencia fue acentuándose paralelamente al incremento del sistema represivo hasta que, durante la dictadura, las noticias reproducían los partes oficiales o calificaban de "presuntos" a secuestros de los grupos de tareas. El diario parece haber intentado compensar esa desinformación con el lugar otorgado a los organismos de DD.HH. y con las amplias coberturas y la participación de su director en las investigaciones de los ochenta.

¿Fue el diario "Río Negro" un "defensor de los DD.HH."? ¿Sobre qué elementos de juicio se puede afirmar tal cosa? De antemano conviene anticipar que, por lo menos en mi opinión, ninguno de los diarios editados durante el Proceso de Reorganización Nacional debería ser calificado de esa manera, porque en ese contexto tal cosa era impracticable. Cualquier medio que informara de la gravedad y la sistematicidad que tenían por entonces las violaciones a los DD.HH. habría durado muy poco en la calle y sus editores habrían corrido serios riesgos de sufrir sobre sus cuerpos los mismos horrores narrados desde sus páginas. Si como "defensor de los DD.HH." designamos a los medios de prensa que, comparativamente, dieron más espacio e importancia que otros a esa temática dentro de aquel marco histórico, sí, el "Río Negro" fue mejor que "Clarín", "La Nación" o "La Nueva Provincia" y peor que el "Buenos Aires Herald". La adjetivación de "defensor", sin embargo, no deja de tener resonancias desmesuradas. En cuanto al periodo transcurrido entre 1966 y 1976, podría serle otorgada, paradójicamente, durante los siete años de dictadura de la "Revolución Argentina", pero, por las razones enumeradas, sería altamente rebatible prolongarla respecto de los tres años de democracia inmediatamente posteriores, siendo incluso más factible afirmar que la política editorial de entonces tendió a reproducir discursos que facilitaron la consumación del genocidio . Veamos brevemente por qué.

El diario difundía un cuadro sesgado de las circunstancias cuando, por igual, responsabilizaba del incremento de la violencia política al terrorismo de la izquierda y la derecha y cuando, ignorando evidencias contrarias, desvinculaba a los aparatos del Estado. Dentro de ese marco y por deducción, el resto de la sociedad se presupone como una víctima abstracta de las prácticas de ambos grupos, una espectadora pasiva e inocente que había quedado inmersa en una situación con la cual, como comúnmente se afirma, "no tenía nada que ver". Si el diagnóstico entendía que los males provenían de esos dos sectores, la cura debía provenir de un tercero. Y fue el Estado, el mayor generador del problema, el que instrumentó la solución por todos conocida. Aunque haya sido de manera no-conciente, la explicación falaz del "desorden" volcada desde 1973 por el diario "Río Negro" se enmarcaba en un proceso de radicalización autoritaria que convergió finalmente en el discurso del "orden" esgrimido por el Proceso de Reorganización Nacional. (Imaginemos qué diferente habría sido el desenlace de aquella época si la mayoría de los actores sociales hubieran incluido las prácticas ilegales del Estado como uno de los añejos males a subsanar, y si se hubiera analizado la explosión de la violencia política como resultante de las contradicciones históricas arrastradas por la sociedad argentina por lo menos desde 1955, y no como el advenimiento de una generación de "fanáticos" salidos de quién sabe dónde).

El análisis volcado arriba no sólo es extensible a la mayor parte de los medios de prensa del país -con ciertos matices entre unos y otros-, sino al conjunto de sectores que recibieron con menor o mayor alivio al golpe de Estado de 1976. Aquella versión prematura de la "teoría de los dos demonios" posicionaba al grueso de la población en una situación inmejorable: quedaba exceptuada de cualquier responsabilidad respecto al genocidio en ciernes. Los demonios del diario "Río Negro" eran, por tanto, los demonios que aquejaban a la mayoría de la sociedad.


III.- Dilemas de una sociedad pos-genocida

Desde el inicio mismo de estas causas, la interpretación de ese pasado tormentoso ha sido objeto de luchas simbólicas. Los primeros juicios, circunscriptos en la "teoría de los dos demonios" institucionalizada por la CONADEP , estuvieron destinados a condenar a las más altas autoridades militares en su carácter fundamental de ideólogos (el juicio a las Juntas Militares) y a exceptuar, mediante las leyes de obediencia debida y punto final, a los ejecutores materiales del genocidio: cuadros medios y bajos de las FF.AA. y de seguridad. Los procesos judiciales abiertos tras el fin de la dictadura seguían repitiendo que lo sucedido en la Argentina entre 1966 y 1983 había sido consecuencia del surgimiento de un terrorismo de izquierda al que le siguió como contrapartida un terrorismo de derecha.

La nueva versión de los "dos demonios", sin embargo, presentaba diferencias con la anterior. La primera era que en los ochenta se reconocía por primera vez que las FF.AA. se habían valido de un plan sistemático de exterminio. Se admitía, por así decirlo, que la cura había sido peor que la enfermedad. Otra novedad era ocultar deliberadamente o excluir la identidad político-ideológica de las víctimas del terrorismo de Estado, en especial si habían sido miembros de las organizaciones armadas. Los demonios, por así decirlo, habían existido, pero se habían vuelto invisibles. Esa estrategia -cuya frase de cabecera era "no investigar a las víctimas"- era comprensible procesalmente en ese contexto puesto que se evitaba facilitar posibles imputaciones contra los guerrilleros sobrevivientes a fin de no desviar la atención sobre la problemática principal: la violencia estatal. Pero ese silencio podía interpretarse -y efectivamente lo fue- como la confirmación de que los grupos armados de la izquierda habían sido los principales o únicos culpables del encumbramiento de la dictadura. Para sostenerse, la explicación de los "dos demonios" necesitaba nada menos que excluir de su universo de análisis a por lo menos tres décadas de historia argentina.

Una de las más graves continuidades entre ambas versiones era seguir usando como sinónimos las palabras guerrilla y terrorismo. En general, se califica de terrorismo a grupos cuyos métodos de violencia física sistemática (homicidios, colocación de bombas en lugares públicos, etc.) están dirigidos contra la población civil, con la finalidad de generar terror en el conjunto social o en grupos determinados. Las organizaciones guerrilleras argentinas nunca tuvieron tales objetivos; al contrario, sus planes revolucionarios precisaban para concretarse de un amplio respaldo social. Se podría argumentar que sus asesinatos contra integrantes de las fuerzas militares y de seguridad aterrorizaban a esos grupos pero, aunque ello hubiese sido así -lo cual es poco plausible por razones conceptuales y de contexto que sería muy extenso detallar aquí-, no se trataba de ataques sistemáticos contra la población civil. Por el contrario, las acciones de la Triple A encajaban en las características atribuidas al terrorismo. Primero, porque esas bandas provenían del Estado; segundo, porque sus asesinatos tenían por finalidad aterrorizar a civiles seleccionados por su identidad político-ideológica de izquierda o centroizquierda vinculados o no a la lucha armada. Su persecución contra ese sector, además, implantó el miedo y la sensación de caos que facilitó el amplio apoyo social conseguido por el golpe de 1976.

El informe de la Comisión de DD.HH. de Río Negro que tanto halaba Miller se inscribe dentro del discurso de los "dos demonios": enfocó sus miras en identificar a las cabezas de la represión ilegal en la zona y no tanto a los cuadros intermedios; aclaró que en la región no había habido actividades de índole "subversiva" sin definir ese concepto y estableció una jerarquía sobre las instituciones involucradas otorgándole a la policía rionegrina un rol secundario. En líneas generales, se diferenciaba de la información publicada antes de la dictadura por el diario "Río Negro" en el reconocimiento del rol cumplido por las bandas parapoliciales, en la explicitación del plan sistemático de exterminio y en aclarar con cierta ambigüedad que los procedimientos legales lo habían sido sólo en apariencia.

El reciente artículo de la periodista se enmarca también en tales conclusiones. La autora cuestiona los testimonios de algunas víctimas para aligerar, en particular, la carga penal que pesa sobre ex policías rionegrinos y, en general, sobre el conjunto de la institución. Ese es el verdadero trasfondo del "informe especial". De allí la insistencia en el rol supeditado de la fuerza, de allí la mención de anónimos ex agentes que podrían servir como testimonios de descargo, de allí la aclaración sobre la trayectoria del abogado de los acusados. El mensaje que puede leerse entrelíneas manifiesta que hubo personas funcionales al aparato represivo que no se consustanciaron nunca con él, que no se involucraron en sus engranajes nodales y que se restringieron a cumplir órdenes.

Dejemos de lado el análisis procesal de casos particulares y amplifiquemos ese último aspecto. En efecto, hubo esa clase de posicionamientos, a menos que se crea -como parecen hacerlo algunos organismos de DD.HH.- que todos y cada uno de los participantes, fuera cual fuera su rol y función, tenían el mismo nivel de encarnizamiento, de saña y de sedicia que caracterizaron a los ejecutores primordiales de los crímenes. La causa está repleta de relatos situados en una línea muy delgada entre la testimonial y la indagatoria: policías que confiesan haber participado de secuestros, un médico militar que atendió a una mujer embarazada en "La Escuelita", un doctor policial que hizo lo propio dentro de una comisaría, soldados que cumplían guardias en dicho "centro clandestino" y participaban de detenciones semilegales, una celadora que admitió haber visto en la prisión a una detenida, etc. También abundan declaraciones y documentales que favorecerían a posibles imputados: un militar que avisó a un civil que era un futuro blanco de la represión, un guardia de "La Escuelita" que curaba las heridas de las cautivas, un director de prisión que informó a familiares de un detenido sobre un traslado secreto, un comisario que abrió un expediente donde se asentó un procedimiento clandestino en un intento de "blanquear" una detención ilegal, policías que se tirotearon con el grupo de tareas para impedir un secuestro, etc., etc.

Si se las mira desde el marco estrictamente jurídico, todas esas conductas, así hayan sido en ayuda o colaboración de víctimas o familiares, son punibles. Incluso quienes se enfrentaron con disparos a los grupos de tareas eran policías cuyo deber consistía en detener a los secuestradores, al igual que el caso del comisario que procuró obstaculizar una privación ilegítima de la libertad o del suboficial que trasladó a una detenida desde una comisaría hasta una prisión. Desde los estrechos márgenes jurídicos, entonces, no hay espacio para el equívoco: todos y cada uno de los participantes tienen responsabilidad penal. Ello no implica que deba subsanarse la ausencia de una estrategia procesal coherente que impida hacer pasar como colaboradores de la investigación a testigos oportunistas y viceversa. La falta de criterios unificados y de claras líneas de demarcación permitió que las decisiones sobre estos delicados asuntos se tomaran de forma discrecional y arbitraria. La "doble vara" con que se midieron algunas conductas no se originó, como sugiere Miller, en una especial mala predisposición hacia la policía de Río Negro, sino en un preocupante vacío de conceptos y procedimientos.

Al estar enmarcados en los discursos del terrorismo de Estado y de los crímenes de lesa humanidad, las actuales causas han ampliado las imputaciones originales. No es de extrañar que los jefes de la represión dejaran de ser los únicos involucrados y aparecieran nombres de cuadros intermedios de las FF.AA. y de seguridad, además indicios que sugieren la participación de jueces, fiscales y otros funcionarios civiles en maniobras de encubrimiento. Pero vayamos aún más allá: el genocidio perpetrado por el Estado habría sido imposible de ejecutar sin un amplio respaldo social al gobierno militar. Y no nos referimos sólo a las complicidades civiles que podrían ser objeto de juicio penal o civil, sino a infinidad de conductas no-punibles que resultaron indispensables para que se efectuara la matanza: desde vecinos que vieron concretarse un secuestro, hasta quienes tenían una idea de lo que estaba sucediendo y prefirieron callar o actuaron en contra ello dentro de los apretados márgenes de entonces. No se pretende sostener que, si eso fuera factible, la justicia debería procesar a veinticinco millones de personas, sino destacar que la problemática del genocidio trasciende largamente los criterios jurídicos.

Si se adhiere al discurso del genocidio, no puede soslayarse que el conjunto social -además del Estado como autor material- está relacionado de una u otra manera con los crímenes y sus circunstancias. Ya sea como víctimas, como perseguidos políticos, cómplices, encubridores, colaboradores, partícipes por acción u omisión, testigos, ejecutores directos o indirectos, etc. todas y cada una de las personas que vivenciaron la época mantienen vínculos con lo sucedido. Muchas no son claramente ubicables dentro de la dicotomía víctimas/victimarios, no sólo porque existen innumerables casos intermedios o ambiguos, sino porque, tomada abstractamente, la sociedad misma fue ambas cosas al mismo tiempo. Tales consideraciones, es cierto, sólo podrían resultar útiles para los litigios en curso si se adaptaran a los límites impuestos por un sistema judicial inscripto en la lógica aristotélica y en la moral judeo-cristiana, pero la necesidad de actuar dentro de tan reducido marco no impide realizar un análisis más profundo de las problemáticas genocidas y pos-genocidas, con miras a superar reiteradas explicaciones simplistas y maniqueas.

Aunque el desarrollo de estas reflexiones precisaría de otro escrito, no está de más señalar que la mayoría de la izquierda y la centroizquierda no han realizado aún esa labor. Refiriéndonos exclusivamente a los organismos de DD.HH. locales en relación con esta causa, sus estrategias han sido conseguir una rápida condena contra los principales represores y lograr el reconocimiento institucional del genocidio. Surgen diferencias y disparidad de criterios cuando se trata de criminalizar o no ciertas conductas. Los que reivindican la militancia de los sesenta/setenta lo hacen desde una impronta de heroicidad que dificulta realizar un balance crítico de aquellas experiencias históricas. En general, no se consideran otras estrategias más complejas e integrales con objetivos mayores a la mera condena, la inclusión de la palabra "genocidio" en los fallos o el "escrache" público contra los individuos vinculados en mayor o menor medida con la represión ilegal.

La evidencia de que toda la sociedad "tuvo que ver" con lo sucedido resulta muy molesta para algunos sectores y en especial para aquellos no directamente inscriptos como víctimas o victimarios. En vez de la tranquilidad de conciencia ofrecida por "los dos demonios", admitir que aquello fue un genocidio implica asumir responsabilidades aunque ellas no sean punibles. No es de extrañar, por tanto, que se intenten reflotes de aquel viejo discurso. En el caso del diario "Río Negro", debe resultar más cómodo considerarse totalmente ajeno respecto a lo ocurrido "a otros", que preguntarse cuáles fueron los claroscuros del papel desempeñado antes y durante los años oscuros. El paraguas de "paladín de los DD.HH.", además, lo ha protegido hasta cierto punto de las críticas de los sectores opuestos a su posterior política editorial de corte rabiosamente neoliberal-neoconservadora.

Esta respuesta no tiene la intención de "demonizar" al periódico. No se trata de invertir la "teoría" para convertir en "ángeles" a unos y en "demonios" a todos los demás, se trata de desechar definitivamente esas interpretaciones al cajón de las ideas caducas y obsoletas. El objetivo era refutar los argumentos de Miller, exponer su articulación con la línea editorial del "Río Negro" en la materia específica que nos ocupa y procurar desmistificar o relativizar su halo de medio de prensa defensor de los DD.HH. Con respecto a esto último, y para finalizar, los artículos referidos constituyen un retroceso cuya justificación resultará engorrosa hasta para los apologistas del diario: hasta esa publicación, el "Río Negro" nunca había tratado de mendaces a víctimas de crímenes de lesa humanidad para deslindar explícitamente responsabilidades ajenas e implícitamente responsabilidades propias.


Neuquén, 21 de abril de 2010

lunes, 5 de abril de 2010

Justicia por Fuentealba


Desde la CTA Río Negro expresamos una vez más nuestro apoyo a la lucha contra la impunidad de Sobisch y sus secuaces por el fusilamiento en la ruta 22 del compañero Carlos Fuentealba, ocurrido hace ya tres años de un 4 de abril que la docencia de toda la Argentina nunca olvidará.
Todos y todas celebramos la condena al autor material Poblete, pero el conjunto de nuestra sociedad necesita la condena efectiva para los responsables políticos del crímen de Carlos. Para vivir con sentido de equidad y justicia es necesario que los culpables, por más que sean poderosos y todavía pretendan resucitar en la política como lo está tratando de hacer Sobisch, sean condenados con lo que merecen: la cárcel. Y lo merecen porque creen que matar es una forma más de hacer política, de poner orden en el supuesto desorden que ellos ven cuando hay lucha y protesta social, que siempre tratan de criminalizar.
Por eso este como todos los 4 de abril, expresamos nuestra solidaridad con Sandra y las compañeras y compañeros docentes de Neuquén, reafirmando la convicción en la pelea por la justicia y contra la impunidad.

Cipolletti, 4 de abril de 2010.
Luis Giannini. Sec. Gral. CTA Río Negro.
Marta Vidal, Sec. de Derechos Humanos CTA Río Negro.

jueves, 25 de marzo de 2010

LUEGO DEL 24: NI UN PASO ATRÁS




Se cumplieron 34 años del inicio de la dictadura más violenta, en cuanto al baño de sangre y sometimiento del pueblo, como a los cambios producidos en el sistema económico y político del país. Lo que Rodolfo Walsh llamaba en su carta de 1977, antes de ser asesinado por Astiz, “la miseria planificada”. El traslado de una riqueza que se distribuía mitad para los trabajadores mitad para los capitalistas, en 1975, a una de las formas de mayor concentración económica que se dieron en la Argentina, luego de que se instaurara el Estado social del peronismo en 1946. Sólo fue superada con la aplicación del neoliberalismo menemista, ajustador y privatizador de todo nuestro patrimonio social y nacional.
En el país y en la región se recordó, haciendo honor o menospreciando la instauración del feriado, según los discursos escuchados, pero se instaló con enorme fuerza de mucha gente movilizada en la plaza de Mayo y en muchísimos lugares del país la voluntad firme de que este pueblo no quiere dar ningún paso atrás, como dicen los carteles.
Ni un paso atrás en los juicios y las condenas a los genocidas de la dictadura y también a los civiles cómplices de ella, sean economistas, empresarios, técnicos o políticos. Un preciso marco le puso a esto el conocimiento del listado de buchones del batallón de inteligencia 601, los famosos “servicios”: esos que te podían señalar para que te secuestraran, porque siempre te estaban vigilando. Y muchos tal vez nos sigan vigilando, sabiendo que hay políticos como Duhalde, Macri, Rodríguez Saa, nuestro gobernador Saiz, entre otros que les han dado empleo y saben quiénes eran.
Ni un paso atrás al oportunismo rampante y profundamente inmoral de la oligarca Carrió que no dudó en decir que los llamados “hijos” de la dueña del grupo Clarín “eran nuestros hijos” o que no ha dudado en salir a defender al pobre viejito padre militar de la jueza Sarmiento (la independiente) que en realidad es el secuestrador de Brandazza en 1972 en Rosario y el jefe especialista en picana que actuaba en los centros clandestinos de detención, ya denunciado desde 2006 en la justicia federal. Su hija dijo que no sabía y dictaminó cuando debía excusarse. Pero cómo iba a hacerlo si era la herramienta política del grupete opositor.
Ni un paso atrás ante los jueces de los tribunales de casación que han dejado en libertad a Astiz y al tigre Acosta, porque estuvieron algún tiempo en prisión preventiva y para ellos ya estaba porque piensan que son inocentes o que se equivocaron y por lo tanto no les corresponde la reclusión perpetua, cuando toda la sociedad sabe que es así. Y los vamos a condenar. Esos mismos jueces, que vienen de la dictadura, son los que han postergado durante ocho años el cumplimiento de la ley de extracción y análisis de ADN en el caso de los supuestos hijos de la Sra. de Noble.
Ni un paso atrás al otro tribunal de casación federal que dejó en libertad a los responsables de la masacre de Margarita Belén en el Chaco. Y celebramos las declaraciones de la legisladora Elsa Quiroz (sobreviviente de esa masacre) repudiando esto, a pesar de seguir inexplicablemente al lado de la gorila Carrió.
Ni un paso atrás a las provocaciones del asesino Astiz, al “prefiero no declarar” de los milicos asesinos cuando un tribunal y una madre de un joven que ellos secuestraron, les dice “digan la verdad, digan qué hicieron con nuestros hijos”. Fosas comunes, cuerpos dormidos tirados al Río de la Plata, en una planificada y prolija operación que todavía no ha podido conocerse con claro detalle, porque ninguno reveló documentación alguna, sólo algunos han hecho declaraciones.
Ni un paso atrás a los pastores de la impunidad, los políticos como Rajneri, Alfonsín, Duhalde y Memen que la regularon y la permitieron, con las leyes de punto final, obediencia debida y con los indultos.
Ni un paso atrás a que los años transcurridos de impunidad puedan torcer la fuerza de la verdad y la justicia para los asesinos, aunque sean hoy viejitos y parezcan respetables.
Ni un paso atrás a los discursos que hablan de “caza de brujas” como el mafioso Duhalde, acostumbrado no a pedir justicia sino hacerla por mano propia, a ejercer la venganza, algo que jamás han esgrimido las madres, las abuelas y los familiares de los desaparecidos. Por eso tienen tanta autoridad hasta hoy para seguir encarnando el reclamo de justicia, que avanza a pesar de todo.
Ni un paso atrás al poder de la mentira, la falsificación de la política y de la historia que hacen los medios monopólicos que en conjunto con los poderes económicos, con los que se entremezclan, en tierras, finanzas y otras inversiones, ejercen su enorme poder extorsivo.
Ni un paso atrás a todos los intentos de destitución política y golpista que ejercen estos sectores que no están dispuestos a cumplir con la ley de medios, que movilizó a gran parte del país para su sanción en un proceso de largos años y ellos con su “justicia” comprada lograron suspenderla entre gallos y medianoches.
Ni un paso atrás dijimos el lunes en la biblioteca con la presentación de la película “Pido Castigo”, realizada por el Centro Cultural la Estrella y la APDH de Neuquén, y que dá cuenta del juicio a los genocidas de la Escuelita de Neuquén, los ocho condenados en el 2008 por la desaparición de Oscarcito Ragni y por 17 secuestros más. Allí la valentía de los testigos que dejaron de ser víctimas nos emocionó y dio valor.
Ni un paso atrás el martes a la noche cuando disfrutamos de los pibes de la murga y vimos otra vez la película con ellos y con los jóvenes del nocturno y de las juventudes políticas, en la plaza San Martín o de la justicia, donde todavía hay un reluciente busto de Julio Asesino Roca, puesto por el Rotary en 1980, luego de los 100 años de la campaña al Desierto, otro genocidio. Tendremos que debatir si seguiremos aceptando que comparta la plaza con las víctimas de los crímenes de los últimos años y con nuestros desaparecidos cipoleños.
Ni un paso atrás el miércoles 24 por la mañana cuando hicimos el acto en memoria de los desaparecidos de Cipolletti, al lado del Memorial que los recuerda y también hicimos el homenaje al ex detenido desaparecido, sobreviviente y compañero Ricardo Novero, que ya no está entre nosotros. Luego presenciamos la excelente obra callejera “Estalla , Silencio”, donde un grupo de jóvenes dirigidos por Cecilia Arcucci nos emocionó y asombró por el vivo recuerdo de la dictadura y la lucha de las madres y abuelas. Ese mismo día participamos de la marcha en Neuquén, que congregó a 12000 personas.
Ni un paso atrás dijeron las más de cien mil personas que colmaron dos veces la plaza de Mayo a la tarde, a pesar de que TN trató de aterrorizarlos con las imágenes de mediodía donde los contratados de Quebracho golpeaban con palos unas persianas del centro. No pudieron no, no pudieron, como dicen los de Arbolito. No pudieron congelarnos tampoco con la represión en Neuquén, donde otros pequeños contratados respondieron con piedras a la provocación de los cientos de milicos en posición de represión, como dignos compañeros de Poblete y lacayos de Sobisch. Y hubo algunos destrozos y detenidos, como un preludio del orden que pretende imponer el MPN, ahora que ya tendrán internas, luego del acuerdo de Sapag y Sobisch.
Ni un paso atrás ante el terrorismo mediático que practican hasta los medios regionales cuando dicen que el gobierno se quiere quedar con Papel Prensa, a través de un artículo de la Agencia de Clarín (DYN), que son los que recibieron de manos de los milicos ese monopolio del papel para hacer diarios en la Argentina y lo manejan a su gusto. También recibieron hijos de desaparecidos y por eso brindaron a un año de la dictadura, diciendo que lo mejor de la dictadura donde “Reina el orden y la tranquilidad” es que se acabaron las Paritarias.
Ni un paso atrás cuando los medios monopólicos reproducen a DYN informando que la SIP (sociedad interamericana de prensa) está enojada con Cristina porque se está pareciendo a Fidel, a Chávez, a Correa y a Evo Morales, en el trato a sus empresas de medios monopólicos. Los de la SIP son los dueños de los grandes medios, asociados a la CIA en todos los golpes de Estado, que se hicieron los boludos frente a todos los genocidios y ni siquiera reclamaron por los 106 periodistas desaparecidos de la Argentina, que tienen entre sus periodistas estrella a los escritores de las proclamas de todas las dictaduras como Grondona y Morales Solá. No aceptan la libertad de prensa que supone la pluralidad antimonopólica en la información y los medios que rige en todos los países de Europa, con la regulación estatal más firme que la ley de medios sancionada. En todo caso la comparación con los gobernantes de Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia a nosotros nos pone contentos porque significa que se acabaron las relaciones carnales con el imperio, que se acabó el Alca y que al dueño de Globovisión lo metieron preso por incitar a la violencia pública cuando dijo que a Chávez lo colgará de la plaza. Cualquiera que hubiera dicho eso y mucho menos, en cualquier dictadura. estaría desaparecido.
Ni un paso atrás cuando la Sra. de Barrionuevo y el yupi de Lilita nos dicen que ahora mandan ellos en el Congreso, traidores por naturaleza, mafiosos de las obras sociales y los clubes de fútbol, partes de la misión diplomática opositora que fue a saludar al Foreign Office (la cancillería inglesa) mientras el gobierno nacional hacía el reclamo por la exploración petrolera en territorio soberano argentino. Eso es traición de las peores y algún día tendrán que enfrentar la justicia por ello.
Ni un paso atrás, nos enorgullece saber que luego de largas gestiones del compañero Cacho Cacopardo, ex detenido en las cárceles de la dictadura en Córdoba, docente y director de un secundario nocturno en Fiske Menuco, ha logrado que se acepte para dicha escuela el nombre de “Madres de Plaza de Mayo”.
Ni un paso atrás frente a los milicos asesinos, los buchones, los ajustadores, los traidores y corruptos malos gobernantes que los bancan. Si no cometieron delitos que vivan de su trabajo honesto, sino los cometieron que habiten las cárceles, pero ya no pueden pretender gobernar a este pueblo ninguno de ellos. Por eso decimos lo mismo que el cartel de la plaza de Mayo que pusieron las Madres: “A este fuego no lo apagarán nunca.”
Luis Giannini, Sec. Gral. de la CTA Río Negro.

24 DE MARZO: DOCUMENTO DE CTA RIO NEGRO


DIFUNDIDO EN LOS DIFERENTES ACTOS EN LOS QUE PARTICIPAMOS EL 24 DE MARZO.

En estos tiempos es fundamental recuperar nuestra historia y nuestra capacidad no solo para encarcelar a los genocidas, responsables del golpe militar perpetrado en 1976, sino también ir a fondo hasta alcanzar la verdad, tantas veces tergiversada, la memoria, la justicia y el castigo a los que financiaron y se beneficiaron con tanta muerte y desapariciones.
Quienes armaron este sistema perverso y explotador, inventaron el hambre donde no la había y promovieron atrocidades solo para defender sus privilegios.
Nuestro país conocido mundialmente por sus desaparecidos, también supo mostrar la capacidad de resistencia, reflejada en nuestras madres y abuelas de la plaza, que con su lucha por la verdad y justicia, le decían al pueblo argentino que debía estar alerta y vigilante, que no se dejara provocar ni masacrar y que defender los derechos nos ayudaría, a construir con gran esfuerzo un país digno y mejor.
Hoy la lucha de las organizaciones de Derechos Humanos y la clase trabajadora con sus organizaciones, sin tener armas en las manos, tras la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, lograron que la justicia siente en el banquillo de los acusados a los genocidas, en nuestra región y otras ciudades del país, exigiendo juicio y castigo.
En memoria de nuestros desaparecidos y sus luchas, desde la Central de Trabajadores/as de Argentina (CTA-Río Negro y local), exigimos cárcel común a los genocidas, restitución de la identidad de los/as jóvenes apropiados/as, aparición con vida de Julio López, juicio y castigo a los asesinos del compañero Fuentealba y todos los luchadores sociales.
El compromiso de un pueblo y una clase trabajadora consciente y organizada son las herramientas para construir una nueva sociabilidad humana, compartir las luchas vividas, renovar nuestro compromiso, en defensa de la salud, la educación pública, exigiendo trabajo, para todos/as y diciendo en unidad, ¡basta de impunidad y persecuciones!, nos va a permitir soñar y tener esperanzas como se merece un pueblo, sin grises ni amarguras y una vida en igualdad de condiciones.

Marta Vidal, Sec. de Derechos Humanos de la CTA Río Negro.
Luis Giannini, Sec. General de la CTA Río Negro

martes, 16 de marzo de 2010

Los sueldos siguen sin aparecer en rio Negro

COMUNICADO DE PRENSA
La CTA Río Negro repudia la imprevisión y desgobierno de la administración radical de Río Negro, que le niega el sustento a las familias de los trabajadores del Estado (judiciales, legislativos, organismos de control) que todavía no tienen siquiera fecha cierta de pago de los salarios de febrero 2010.
Si una de las tareas principales del gobierno, como es sostener los servicios esenciales que atienden los derechos elementales del pueblo, no se cumple porque no se pagan los salarios de los trabajadores, nos preguntamos qué sentido tiene la acción de gobierno. No estamos en el 2001 ni en otras épocas de crisis financiera grave, la provincia ha tenido recaudación record en el mes de febrero, se anuncia una reforma constitucional que insumirá durante buena parte del año un presupuesto similar o superior al poder legislativo: todas contradicciones difíciles de explicar y de entender para tener este cuadro de incertidumbre y desazón porque el salario no aparece.
Si las cuentas no cierran por el lado de la gestión, tendrán que replantearse la gestión y revisar la acción de gobierno. Casi ninguna provincia del país paga tarde los salarios como Río Negro, muchas han logrado superar sus déficits estructurales, más allá de las dificultades con la baja coparticipación y la gran mayoría garantiza el pago de salarios a los trabajadores, más allá del sostenimiento de su planta política.
Exigimos una definición clara sobre el destino salarial de los trabajadores estatales de Río Negro, formulada con honestidad para conocer si realmente hay voluntad real y política de pagar los salarios cuando corresponde.
Viedma, 16 de marzo de 2010.
CTA Río Negro. Luis Giannini. Sec. General.

viernes, 5 de marzo de 2010

Los sueldos de febrero desaparecidos aún en rio Negro

COMUNICADO DE PRENSA
Y los sueldos de los trabajadores no aparecen…
La CTA Río Negro repudia la falta de compromiso y de previsión del gobierno provincial de Río Negro, pues hasta la fecha ningún/a trabajador/a del Estado tiene información de cuándo podrá acceder a cobrar su sueldo del mes de febrero. Como la sombra del pasado que siempre se instala en nuestras familias, la falta del alimento y del salario aparece cada mes entre la atribulada población de Río Negro. Ocurre hace tantos años que ya parece una costumbre: violar el derecho más elemental de miles de personas: el de la subsistencia, comprometida ya con miserables remuneraciones.
El cuento permanente del déficit, de la deuda, de los fondos de la Nación que no llegan se torna ya una lamentable, monótona e insoportable cantinela.
Cuando se alude al humor de las autoridades nacionales: el desvío de fondos genuinos y específicos para otros destinos, la confesada intención de no ser controlados por nadie en el manejo de los recursos, incluso despreciando las oportunidades de mejorarlos, los anuales y permanentes decretos que prorrogan la emergencia, sin mediar la consulta a la legislatura ni a nadie que son costumbre en Río Negro, contrastan con la postura seudo-transparente y seudo-federal del senador Verani, integrando la foto de los impresentables que han destruido la Argentina y ahora se arrogan la representación de un sesgo moral y republicano payasesco.
Así estamos en Río Negro: siguen bailando en el Titanic como ya lo hicieron en el 89, en el 95, en el 99 y en el 2001-2002, a los pobres de esta tierra ya no les molesta ni el cambio climático, porque antes los va a matar este régimen político nefasto que soportamos hace tantos años.
Una vez más expresamos nuestra voluntad de movilizarnos todo lo necesario para conquistar de nuevo el derecho a cobrar el salario en término.
Cipolletti, 5 de marzo de 2010.
Luis Giannini. Sec. Gral. CTA Río Negro.

viernes, 26 de febrero de 2010

85º CONGRESO EXTRAORDINARIO DE CTERA.


En el día de hoy, 26 de febrero de 2010, sesionó en la sede de CTERA, Chile 654, el 85º Congreso Extraordinario de CTERA.

Por amplísima mayoría con solo 7 votos en contra el congreso extraordinario de la CTERA con la presencia de 148 congresales aprobó el Acuerdo Paritario Nacional.

Un importante número de congresales destacaron en sus intervenciones el fuerte impulso que les dio, el acuerdo paritario nacional, a las discusiones salariales en las provincias.
Agregamos que el Congreso de la Unter, que sesionó el jueves 25 de febrero estableció como mandato la aprobación de los acuerdos paritarios nacionales, además de definir la aceptación de la propuesta salarial realizada por el gobierno de Río Negro en la paritaria del día martes pasado.

Encuentro de la CTA y la COB: por Río Negro estuvo Pedro Mamani


Integración de los Pueblos
Con un acto público concluyó la visita de la COB a la Argentina
[24/02/2010 - ACTA]
La noche del martes culminó con un colmado anfiteatro que celebró este encuentro fraternal entre trabajadores argentinos y bolivianos. En nombre de la CTA Río Negro estuvo presente nuestro compañero representante de la cooperativa de ladrilleros "El Arroyón", Pedro Mamani Zárate.
Convenio Interinstitucional, seminario sobre migraciones y diálogo con residentes fueron algunos de los hitos de este evento histórico, donde la CTA expresa con toda su claridad su compromiso solidario con el proceso revolucionario que lleva adelante el pueblo boliviano en su patria, poniendo todo lo necesario para lograr la igualdad de derechos entre naturales e inmigrantes, que bien ha fijado la legislación argentina sobre migraciones, una de las mejores del mundo. Estamos orgullosos de haber celebrado el contraste enorme de este encuentro, con la insorportable y repudiable política racista, xenófoba y discriminatoria de los países del primer mundo con los migrantes de todo el mundo.

lunes, 22 de febrero de 2010

Apoyo a Susana Dieguez: declara en el jucio ABO

La CTA Río Negro expresa su solidaridad y acompañamiento a la compañera Susana Dieguez, militante de la UnTER, la CTERA y la CTA, residente en Viedma, quien el día martes 23 de febrero declarará en el Juicio que se le sigue a los genocidas que actuaron en los centros clandestinos Club Atlético, Banco y Olimpo. Allí prestará el testimonio de su secuestro y detención durante la dictadura militar asesina de los 30.000 compañeras/os desaparecidas/os.
En dicha ocasión estará acompañada, por la presencia de Marcelo Mango, secretario de Estudios y Formación de la CTA Río Negro y Secretario de Educación de CTERA, además de compañeras y compañeros dirigentes de la CTERA y la CTA.
La compañera Susana Dieguez también ha tenido el valor de denunciar al ex agente de inteligencia y represor Carlos Alberto Lorenzati, ex director de Análisis Delictivo del gobierno provincial rionegrino de Miguel Saiz. Un fiscal federal ha pedido su captura y detención por su actuación en el Atlético, sin embargo el juez Rafecas aún no decide su detención, por lo cual tampoco será juzgado en este juicio trascendental.
Repudiamos que el gobierno de Río Negro haya empleado en sus filas, como lo ha hecho el gobierno de Macri en la Capital Federal, a ex represores para cumplir funciones oscuras similares, pues el eufemismo de "análisis delictivo" es evidente que oculta una función de espionaje que habría puesto en marcha Saiz, al igual que lo ha hecho Macri, en un hecho repudiable tan bien disimulado por la prensa hegemónica y cómplice de la dictadura.
Exhortamos a toda la sociedad a continuar acompañando el reclamo de verdad y justicia, para terminar con la impunidad que durante tantos años permitió que los represores y asesinos vivieran como buenos vecinos, incluso pavonéandose por la televisión monopólica como lo hizo, en los noventa, el tristemente célebre Turco Julián, hoy preso y juzgado en este juicio.
Hoy la Argentina es el escenario de varios procesos que pondrán fin a la impunidad, gracias a la lucha inclaudicable de las madres, abuelas, hijas/os, hermanas/os y de las y los sobrevivientes que tienen el valor y el compromiso de prestar su testimonio, como lo hace nuestra compañera Susana Dieguez.

sábado, 20 de febrero de 2010

Ante las declaraciones de Barbeito, a confesión de parte…

COMUNICADO DE PRENSA

En declaraciones al Diario Noticias de la Costa del día de hoy, el ministro de Educación rionegrino César Barbeito, sale a decir con toda claridad que no le interesa para nada que la provincia acceda al Fondo de Desigualdades Salariales que prevé la Ley Nacional de Financiamiento Educativo, pues dichos fondos tienen destino específico y lo condicionan en la ejecución de los recursos. Entre otras cosas reconoce que no llega a ejecutar los que tienen fines específicos de los fondos nacionales educativos, es decir que no cumple con programas nacionales de lectura y apoyo para los chicos o equipamiento para las escuelas, previstos en la ley específicamente por pedido de CTERA, a la luz de la experiencia de mucha provincias como Río Negro que en los noventa usaron hasta el dinero de los salarios y las jubilaciones, para cubrir sus malas administraciones. El ministro Barbeito confirma lo que hemos denunciado hace unos días: el doble discurso mentiroso del gobierno de Río Negro, que por un lado dice que necesita que el gobierno nacional lo incluya en el Fondo de Desigualdades Salariales ( figura en el acta de la paritaria provincial) y por otro gestiona febrilmente que la plata no se la den con destino específico como estos recursos, sino que tengan libre “maniobrabilidad”, esto quiere decir: dame la plata que yo hago lo que quiero. Se podrá argumentar que es una cuestión de autonomía, pero la experiencia de los continuos conflictos salariales y laborales educativos en Río Negro, indica que este régimen radical no está dispuesto a debatir con transparencia ningún recurso y que siempre ha priorizado la caja política que lo mantiene en el poder antes que cumplir con los derechos básicos del pueblo y entre ellos de las y los trabajadoras/es.

La ley de financiamiento educativo garantiza que el dinero llegue a las escuelas y el Fondo de Compensación de Desigualdades Salariales garantiza que el dinero llegue al salario de las y los docentes. Ambos son fondos que el Estado nacional dispone para que lleguen a quienes tienen que llegar. Con sus declaraciones Barbeito deja en claro que sigue actuando como un puntero de barrio y que por ello es gravísimo que le den el dinero sin destino, porque ya declara con claridad que lo va a usar para lo que él quiera y no para el destino que tiene según la ley nacional.

Por eso a confesión de parte…relevo de pruebas. Las patas de la mentira siempre son cortas.



Marcelo Mango, Sec. de Educación de CTERA,

Luis Giannini, Sec. Gral. CTA Rio Negro.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Repudio desalojo Comunidad Kospi




En la mañana del lunes 21 de diciembre nos hicimos presentes en las puertas de la ciudad judicial de Gral. Roca, para realizar una conferencia de prensa donde se repudió el fallo que ratifica el desalojo de la comunidad kospi, a favor del arq. Flores, propietario del barrio privado náutico "Las caletas", que ya está impidiendo el libre acceso a la costa del río negro y lo está modificando en forma drástica, sin que aparezca ningún intendente defensor del libre acceso como ha hecho Soria con el sector de Paso Córdoba, cortando los alambrados tendidos por una comunidad mapuce.

2º Encuentro del Foro provincial por una vida digna

Paraje El Arroyón, Cuenca Vidal, Río Negro
Sábado 19 de diciembre de 2009


El sábado 19 de diciembre de 2009, las organizaciones, cooperativas, sociales, políticas, sindicales y ambientales, reunidos en asamblea, en el II° Encuentro del Foro Provincial por la Vida y el Hábitat Digno, debatimos la situación de acceso a la vivienda, la realidad política en materia habitacional de la provincia (IPPV), los programas de mejoramiento habitacional, los planes de vivienda destinados a sectores vulnerables y la situación de desalojo que soportan dichos sectores, así como las comunidades de Pueblos Originarios, ante la defensa o recuperación del hábitat y la vivienda digna
Se definió el apoyo, difusión y promoción del documento “PROPUESTA DE DECLARACIÓN DE LA EMERGENCIA HABITACIONAL URBANO AMBIENTAL”, presentado en la Comisión de Asuntos Sociales de la Legislatura de Río Negro, el día 10 de diciembre de 2009, por representantes del Foro por la Vida Digna de Viedma, adherido por otras organizaciones políticas, sociales y sindicales de la provincia.
En el debate se dio cuenta de las injusticias y discriminaciones que sufren en el Paraje El Arroyón, tanto como en otras comunidades, expresando un repudio a toda forma de hostigamiento que ejecute el Estado a los fines del desalojo o relocalización. También se da cuenta del esfuerzo que llevan adelante las distintas comunidades de productores agrícolas y de servicios en desarrollar genuinamente y en forma organizada y autogestiva el territorio.
Otras organizaciones expresaron estar soportando, por parte de los Estados locales o entes de desarrollo y las fuerzas policiales, diferentes presiones y acciones de desalojo o planes de relocalización. Dichas políticas no hacen más que romper lazos comunitarios, fuentes de trabajo y formas sustentables de convivencia social y de relación con la naturaleza-
Resoluciones del Foto:
Sumar adhesiones impulsando el apoyo a la declaración de emergencia habitacional, con distintas organizaciones y comunidades, además de intentar sumar el apoyo de los municipios.
Realizar el III° encuentro del Foro provincial el sábado 6 de marzo en Fiske Menuco, apoyando a la comunidad Kospi.
Pedir una reunión con el vicegobernador y comisiones de la legislatura, a efectuarse luego del 3º encuentro.
Reclamar el Respeto a la ley nacional 26160, la ley Prov 2287 y al convenio 169 de la oit, sobre respeto a los derechos los pueblos originarios y la suspensión de los desalojos.
Repudio al desalojo a la Comunidad Kospi de Fiske Menuco
Exigir el cumplimiento del fallo de apertura a los caminos al lago escondido reconociendo el trabajo de las organizaciones que lo promovieron.
Frenar los desalojos. Desalojo cero

Organizaciones presentes:
-Pastoral de migraciones (Nqn.)
- ANTA
- Cooperativa Constitución y dignidad (Cipolletti)
- Fundación Ecosur Patagonia Norte
-CTA (Río Negro y Cipolletti)
-Asociación ARBOL R.N. de ladrilleros (Allen)
-Foro por una vida Digna (Viedma)
-Comunidad Mapuche (Viedma)
-Grupo de comunicación Mapuche (Carmen de Patagones)
-Cooperativa de pequeños productores del Arroyón.
-Un techo para mi hermano (Roca y Bche.)
-Asociación de Desocupados (General Conesa)
- Grupo Pre cooperativo de desocupados “del Altísimo”
Programa Juana Azurduy (San Antonio Oeste)
Constituyente Social ( San Antonio Oeste)
-Cooperativa de ladrilleros de El Arroyón
-Mesa de organizaciones de la Tierra (Bariloche)
ATE Universidad Nacional del Comahue
ATE Hospital Cinco Saltos
Junta Vecinal B° Villa Llanquihue (Bariloche)
Agrupación FALUVI (Viedma)
Cooperativa de Camioneros del Arroyón
MOI (Movim. Ocupantes e Inquilinos) Bariloche.


II° Encuentro del FORO P ROVINCIAL POR LA VIDA Y EL HÁBITAT DIGNO



Paraje El Arroyón, Cuenca Vidal, Río Negro



Sábado 19 de diciembre de 2009





Siendo las 18 hs. del día sábado 19 de diciembre de 2009, las organizaciones, sociales, políticas, sindicales y ambientales, cooperativas y asociaciones reunidos en asamblea, en el marco del II° Foro Provincial por la Vida y el Hábitat Digno, profundizamos un análisis, a modo de diagnóstico, sobre la situación de acceso a la vivienda, la realidad política en materia habitacional de la provincia (IPPV), los programas de mejoramiento habitacional, los planes de vivienda destinados a sectores vulnerables y la situación de desalojo que soportan dicho sectores, también las comunidades de Pueblos Originarios, ante la defensa o recuperación del hábitat y la vivienda digna en la Provincia de Río Negro.

Se inicia la asamblea, a las 10 de la mañana, con una ronda de presentaciones de cada representante de las organizaciones participantes, expresando sintéticamente las problemáticas de cada región o lugar de la provincia al que pertenecen

Se da lectura al documento “PROPUESTA DE DECLARACIÓN DE LA EMERGENCIA HABITACIONAL URBANO AMBIENTAL”, presentado en la Comisión de Asuntos Sociales de la Legislatura de Río Negro, el día 10 de diciembre de 2009, por representantes del Foro por la Vida Digna de Viedma, donde adhieren, además, otras organizaciones políticas, sociales y sindicales de la provincia. Se anexa dicho documento como base diagnóstica de la situación habitacional de la provincia a los fines de establecer pautas de trabajo y acciones políticas en la materia.

Posteriormente se da la palabra a diversos representantes de las organizaciones participantes, donde las organizaciones anfitrionas dan cuenta de las injusticias y discriminaciones que tienen que soportar, en el Paraje El Arroyón, por parte de algunos representantes políticos de los municipios y del ente, principalmente, que tiene jurisdicción en la microregión. Se expresa contundentemente un repudio a toda forma de hostigamiento que ejecute el estado a los fines del desalojo o relocalización.

También se da cuenta del esfuerzo que lleva adelante la comunidad de productores, crianceros, apicultores, pescadores, mineros, ladrilleros y de servicios, residiendo en el lugar por más de 10, 20, y en algunos casos, hasta 40 años en el lugar, sin el compromiso del Estado como garante de la satisfacción de derechos humanos como son: el acceso a la tierra, regularizando de la tenencia de la tierra, eje del acceso a los servicios fundamentales.

En una breve intervención el Concejal de Campo Grande, Don Rigoberto Lagos, plantea que no se reconoce al actual directorio del ENDECIC por ordenanza de Cordero y Campo Grande (ver Ordenanza Adjunta) y que ahora solicita Cordero la participación de los sectores no reconocidos en dicho ente. Por ello solicita la modificación de la ley de creación del Ente y su reglamentación. Se recuerda que EL ENTE SE CREA CUANDO SE LIQUIDA INDUPA CON FINES DE PLANTEAR OTRO DESARROLLO PARA EL ÁREA DE CINCO SALTOS, CORDERO, ETC. EL MINISTERIO DE LA PRODUCCIÓN ES EL RESPONSABLE DEL ENTE



Otras organizaciones expresaron estar soportando, por parte de los estados municipales o Entes “para el desarrollo” y las fuerzas policiales, diferentes presiones y acciones de desalojo o planes de relocalización. Dichas políticas no hacen más que romper lazos comunitarios, fuentes de trabajo y formas sustentables de convivencia social y de relación con la naturaleza.

Iniciar el empadronamiento al foro de la agricultura familiar promovido por la Secretaría de Agricultura de Nación, (Res. 135 crea la cartera de agricultura familiar).

Los asambleístas del Foro expresamos el reconocimiento a los MIGRANTES, sean Internos, dentro de nuestro país, o Internacionales que llegan a nuestra provincia para aportar al desarrollo integral de las comunidades. Promovemos la diversidad, política, económica, cultural y social entendiendo que transitamos un camino de Plurinacionalidad, Pluriculturalidad y Multietnicidad. Reconocemos también como una herramienta la nueva Ley de Migraciones de Argentina que, además de derogar la Ley heredada de la última dictadura militar, fue construida durante 22 años de trabajo de los organismos de Derechos Humanos del país y garantiza estos Derechos a todos los migrantes en todo el territorio nacional, inclusive, el derecho que tiene todo trabajador de acceder a la tierra para la vivienda y el hábitat. Promovemos nuevas leyes que atiendan los intereses de comunidades multiétnicas (Ej: Allen, El Arroyón, tienen Mapuches, Tehuelches, Quechua, Aimaras, en plena convivencia pero no reconocidos como tales), también deberá contemplarse la realidad e identidad de cada comunidad como la de los ladrilleros al momento de discutir políticas de vivienda, ya que ellos necesitan vivir en el lugar de trabajo al igual que toda comunidad agrícola



Promovemos la creación de un Banco de Datos de leyes y resoluciones locales, nacionales, pactos, tratados y toda normativa referida al derecho al hábitat, la tierra y la vivienda



Exigimos frenar todo proceso jurídico/político que derive en desalojo, traslado o relocación de comunidades, promovemos el lema: “DESALOJO CERO”

Solicitamos la pronta resolución de conflictos ínterjurisdiccionales, como así también, interprovinciales donde la falta de complementación de políticas públicas, planificadas participativamente, generan grandes conflictos y/o “ausencias” de las garantías que debe brindar del Estado. Se hace hincapié en que los Estados, locales y provincial, deben involucrarse y acompañar los genuinos intereses que expresen las comunidades, planificando en conjunto, en materia de hábitat y vivienda.



Nos expresamos a favor de Declarar la Emergencia Habitacional a favor de la gente más necesitada o vulnerada y solicitamos se instrumentes los medios necesarios para la Democratización y Regularización del IPPV, democratización con Directorio y Consejo, para que vuelva a cumplir la función social para la que fue creado “garantizar la vivienda para los más necesitados”.

Exigimos al Estado que garantizar el derecho a la información. Entendiendo al desarrollo, no solo como trabajo e inversión, sino también como una sociedad informada que pueda defender sus derechos



Exigimos información para decidir, inclusión para participar y respeto a la autonomía e identidades locales para desarrollarnos



Propendemos a la ceración de nuevas instituciones, despojadas de burocracia, que involucren complementariamente a los actores locales, en particular los sectores vulnerables, con los municipios. Crear ámbitos democráticos de planificación conjunta que atiendan la satisfacción de intereses colectivos con representación real de los trabajadores.

Solicitamos a los estados municipales y provincial trabajar en la reglamentación e implementación de la Ley Nacional Nº 24.374, de Regularización Dominial y Ley Provincial N° 3396 (Ley Pierri) en toda la provincia. Impulsarlo a nivel municipal basándose en los antecedentes de aplicación de dicha norma en otras comunidades Promovemos la iniciativa de ley que contemple la asignación de fondos por parte del estado a las organizaciones de la sociedad civil o cooperativas para la construcción de viviendas sociales. Ley Marco de Autogestión del hábitat tal como se aplica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Ley 341/00 y modificatoria 964/03)

Fomentamos la creación de la Mesa Provincial de Organizaciones de la Tierra, incluyendo en el debate el acceso al agua, la tierra, la vivienda, la salud, el trabajo y la educación como derechos fundamentales.

Repudiamos las conclusiones y decisiones tomadas en la cumbre de cambio climático con respecto a la vida digna en ambientes naturales. Se ratificaron las Políticas de estados ricos que hacen primar sus intereses económicos por sobre la vida y el destino de la tierra. La contaminación y degradación ambiental que estamos soportando es debido a prácticas intensivas de dominación de la naturaleza y externalidades no resueltas por procesos industriales, contraria al espíritu de la economía social y solidaria que plantean las comunidades. Adherimos al lema: “NO CAMBIEN EL CLIMA, CAMBIEN EL SISTEMA”





Solicitamos a los Estados Municipales que inicien un trabajo de creación de ordenanzas que asignen terrenos sociales incluyendo servicios esenciales para el desarrollo de la vida diga y el hábitat que genera trabajo

Apoyamos toda iniciativa de organización que tienda al cooperativismo y la autogestión en la construcción de viviendas sociales.



Las organizaciones participantes nos solidarizamos con el Pueblo Mapuche y Tehuelche, en particular con la Comunidad Kospi de Fiske Menuco (Stefenelli - General Roca). Repudiamos el desalojo que sufrió dicha comunidad el día viernes 18 de diciembre de 2009, donde intervinieron con la fuerza pública el territorio ancestral.



Las organizaciones participantes exigimos el cumplimiento del fallo de apertura a los caminos al lago escondido (LIBRE ACCESO A LAS COSTA), reconociendo el trabajo de las organizaciones que lo promovieron



Propuestas:



Sumar adhesiones impulsando el apoyo a la declaración de emergencia habitacional, con distintas organizaciones y comunidades, además de intentar sumar el apoyo de los municipios.
Realizar el III° encuentro del Foro provincial el sábado 6 de marzo en Fiske Menuco, apoyando a la comunidad Kospi.
Pedir una reunión con el vicegobernador y comisiones de la legislatura, a efectuarse luego del 3º encuentro.
Armar CD, DVD; Cuadernillo o folleto donde en cada comunidad se pueda compartir lo que se hace en cada lugar: experiencias concretas de ladrilleros, otras…
Red de comunicación y articulación provincial.
Que cada uno se lleve el comunicado a cada lugar con las conclusiones del FORO, y que este sea presentado en conjunto el día 22 de diciembre, en cada lugar de la provincia donde sea posible, como una actividad simultánea.
Que la CTA siga coordinado ya que tiene capacidad de organización y está en casi toda la provincia.
Reclamar el Respeto a la Ley Nacional 26160, la Ley Provincial Nº: 2287 y al Convenio 169 de la OIT, sobre respeto a los derechos los pueblos originarios y la suspensión de los desalojos.
Que los encuentros del foro sean rotativos. Nos reunimos en donde está el conflicto
El Foro fue definido como una herramienta/instrumento de Encuentro y Articulación
Poner en debate el tema de la propiedad de la Tierra- Que la tierra es para vivirla y de quien la trabaja. “Función social de la Tierra”
Adherir sostener y difundir la propuesta de Declaración de la Emergencia Habitacional y Urbano Ambiental presentado en documento adjunto por el Foro por la Vida Digna de Viedma


Organizaciones presentes:

· Pastoral de migraciones (Nqn.)

· ANTA

· Cooperativa Constitución y dignidad (Cipolletti)

· Fundación Ecosur Patagonia Norte

· CTA (Río Negro y Cipolletti)

· Asociación ARBOL R.N. de ladrilleros (Allen)

· Foro por una Vida Digna (Viedma)

· Comunidad Mapuche (Viedma)

· Grupo de Comunicación Mapuche (Carmen de Patagones)

· Cooperativa de pequeños productores del Arroyón.

· Programa “Un techo para mi hermano” (General Roca y Bariloche)

· Asociación de Desocupados (General Conesa)

· Grupo Pre cooperativo de desocupados “del Altísimo”

· Programa Juana Azurduy (San Antonio Oeste)

· Constituyente Social ( San Antonio Oeste)

· Cooperativa de Ladrilleros de El Arroyón

· Mesa de organizaciones de la Tierra (Bariloche)

· ATE Universidad Nacional del Comahue

· ATE Hospital Cinco Saltos

· Junta Vecinal B° Villa Llanquihue (Bariloche)

· Agrupación FALUVI (Viedma)

· Cooperativa de Camioneros del Arroyón

· MOI (Movimiento de Ocupantes e Inquilinos) Bariloche.



Adhesiones hechas que hicieron llegar al Encuentro:

Mov Proyecto Sur, Pocho Lener
PC Río Negro, Alicia Valenzuela

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Repudiamos despidos en Hospital de Cipolletti



La CTA Río Negro expresa su repudio al despido de los tres delegados de ATE del hospital de Cipolletti, producido en el día de ayer a través de un ilegítimo telegrama por parte del director Bergero. Es evidente la intención persecutoria y disciplinadora hacia la lucha del conjunto de los trabajadores hospitalarios, luego del conflicto iniciado en el mes de agosto y que aún no se resuelve con claridad. Lo más espantoso es la hipocresía y espíritu servil del director Bergero que participó en algunas marchas de reclamo y luego pone la firma para perseguir y expulsar a los delegados del hospital, violando la legislación vigente sobre protección de las libertades sindicales, ya que para proceder al despido tendría que haber tramitado la exclusión de los fueros sindicales, según la ley 23551. Esta práctica de violar los derechos sindicales, sólo la han practicado los milicos de la dictadura y algunos empresarios de multinacionales, como los de la ex Terrabusi, que pretenden seguir ejerciendo su patronazgo como en la dictadura, desconociendo la existencia del sistema democrático. Que esto encima ocurra en el sistema público de salud es aún más repudiable y debiera la justicia actuar de oficio, procesando por violar los deberes de funcionario público a quien incumple con los principios de defensa del sistema democrático, violando las leyes fundamentales que la sustentan.

Exigimos la inmediata revocatoria de esta decisión lamentable y nula, reconociendo a los trabajadores despedidos en la plenitud de su condición de tales y de representantes sindicales.


Héctor Luis Giannini. SEc. GRal CTA Río Negro.

Cipolletti, 2 de diciembre de 2009