lunes, 25 de octubre de 2010

REPUDIO DE LA CTA Y LA UNTER A NUEVO ASESINATO POLICIAL

Desde la CTA Río Negro y la UnTER, expresamos que la muerte de jóvenes en Río Negro, a manos de la policía no son casos aislados, ni errores o problemas individuales de algunos policías. Se trata de violencia institucional como metodología y proviene de la cúpula policial y de la propia secretaría de seguridad, bajo la responsabilidad del ministro de Gobierno.
El fusilamiento por la espalda del jóven de 16 años de Viedma, ocurrida en la noche del sábado 23, es un hecho que tiene el mismo origen que lo ocurrido en Bariloche en junio: la violencia institucional-policial.
Esta situación requiere que el gobierno de Saiz defina en forma inmediata el alejamiento del ministro de gobierno, del secretario de seguridad y de la cúpula policial, como fue reclamado por varias organizaciones, entre las que nos contamos en el mes junio, luego de los hechos de Bariloche, donde la descalificación del juez Lozada y otras maniobras políticas, policiales y judiciales, no hicieron más que generar un manto de impunidad para la responsabilidad política de los hechos y esa misma impunidad alienta y genera nuevos hechos de violencia.
La ausencia de políticas sociales correctas y la represión asesina como única respuesta, nos sigue indicando que en nuestra sociedad la vida no vale nada.
Expresamos nuestra solidaridad con la familia del joven asesinado por la policía en Viedma y Exigimos Juicio y Castigo para los culpables materiales, intelectuales y políticos de este nuevo crímen, asi como de el de Bariloche y la resolución de los más de 90 casos impunes que hay en la provincia.
Viedma, 25 de octubre de 2010.

Marcelo Mango, Sec. Gral. de la UnTER.
Luis Giannini, Sec. GRal. de la CTA Río Negro.



Viedma: cementerio de jóvenes. Otro pibe más.

Lamentablemente Viedma se ha convertido en un lugar en el que los jóvenes están desprotegidos y marginados. “Yo no voy al supermercado porque cuando entro la gente me mira con cara de desconfianza y los guardias de seguridad me persiguen todo el tiempo. Debe ser porque soy grandote, o porque uso ropa suelta y gorrito”, confesaba un alumno del barrio Lavalle.
Por desgracia, estamos frente a un Estado que no garantiza la seguridad de los jóvenes y se mantiene al margen de la problemática de muchos, y eso ya es no hacerse cargo. Por desgracia, los jóvenes están “custodiados” por un sistema policial que no garantiza la seguridad de todos, sino que por el contrario, anula la de los más desprotegidos, la de los más pobres.
Cuando hablamos de seguridad nos debemos referir a la seguridad en el sentido de que estos chicos puedan estudiar, puedan comer todos los días en sus casas y puedan vivir en un hogar en condiciones dignas, ya que esa es una seguridad legítima y no la estigmatización de los jóvenes que hacen desde este gobierno a través de sus políticas de Estado. Hablamos de pibes que nacen y crecen en un barrio que la sociedad margina y que gran cantidad de los viedmenses desconoce.
Vivimos en un contexto en el que las garantías no existen para nadie, mucho menos para los pobres, y nos horrorizamos al pensar que causas como éstas son las que despiertan el discurso reaccionario de una sociedad mediocre.
Somos docentes del CEM N° 19 del barrio Lavalle, un colegio en el que estudian más de 250 chicos que se encuentran en una situación de vulnerabilidad social. Una institución inclusiva que trata de educar pero también de contener a los jóvenes que han sido despojados de la sociedad, que la padecen. Sin embargo, el Estado no implementa políticas públicas que garanticen los derechos de estos niños. Nuestro colegio está inmerso en un contexto social marginal. Y no tenemos estructura edilicia propia, no tenemos un ETAP que realice una tarea de contención y de seguimiento de aquellos alumnos que padecen muchos de los problemas que la sociedad minimiza, como la drogadicción y el alcohol. A nadie le interesa. No tenemos un sistema que invierta en la educación de los chicos. El Estado no nos brinda el refrigerio que sí es necesario (lo donaron agentes externos). Muchos de los estudiantes llegan al colegio con hambre. Algunos se desmayan. Muchos de ellos realizan un esfuerzo sobrehumano por llegar luego de una jornada laboral agotadora y asistir al colegio. Y sabemos que un chico con hambre no tiene ganas de estudiar. Sabemos que a un chico que tiene una estructura familiar desvastada por la crisis económica no le interesa estudiar. Está plagado de discursos reaccionarios que le imprimen todo el tiempo el famoso discurso de “los jóvenes no tienen futuro” y “los negros villeros del barrio Lavalle”. Están al margen, ahí, sin soluciones de fondo que debiera dar el gobierno en lugar de de los planes de empleo rionegrino para todo el mundo y tener a las familias en negro como si esa fuese una medida justa. No señores. Ésos son parches que se activan desde el estado, salidas rápidas desde la emergencia. Nuestros jóvenes no tienen obra social, no reciben una alimentación saludable. Muchas de las chicas con suerte superan el secundario sin quedar embarazadas, porque evidentemente hay fallas en la comunicación y en la información que debiera impartir la política de salud estatal. Los jóvenes saben perfectamente que no pueden vivir en un sistema que los excluye sistemáticamente. Piden a gritos que alguien los ampare, que alguien les dé garantías de que es posible salir adelante y superar el círculo marginal y vicioso de la pobreza. Entonces, muchachos, ¿de qué política estatal estamos hablando cuando estos jóvenes no tienen garantizados sus derechos? ¿De qué política estatal hablamos cuando tenemos chicos integrados que no son tratados por un equipo pedagógico? ¿Acaso es la educación para este gobierno un gasto y no una inversión? ¿Acaso esos jóvenes no tienen los mismos derechos que el resto?
Viedma se ha convertido en un cementerio de jóvenes. Un cementerio en el que “algunos” son asesinados y descansan en el anonimato, como carne de cañón de una sociedad que estalla a partir de la crisis económica y social que ya no se puede tapar. De manera errónea y frente a esta crisis estructural, “la solución” que se plantea es la puesta en escena de mayor personal policial. Y tenemos cuál es el saldo de esta decisión.
Estamos frente a una sociedad en la que nuestros jóvenes más excluidos y vulnerables son vistos y construidos como drogadictos, cuando en realidad la drogadicción es un negocio controlado por adultos que visten de traje.
Lamentablemente, nuestros jóvenes son el chivo expiatorio de las fallas de un sistema que los excluye y reprime, y de una sociedad en la que “molestan”, “estorban”. Y son excluidos, por ser “morochos”, “violentos” o “chorros”. Y son asesinados, por pobres, y por haberse cruzado en el camino con señores que sienten omnipotencia por tener un arma en la mano.
¿Ésta es la ciudad que queremos? Repudiamos el asesinato Guillermo Trafiñanco y exigimos su inmediato esclarecimiento y cárcel a los culpables.




Profesores y Equipo Directivo del CEM N° 19
Barrio General Lavalle. Viedma

No hay comentarios:

Publicar un comentario