jueves, 17 de septiembre de 2009

En Río Negro ganan los monopolios

Luego de la votación que aprobó en la Cámara de Diputados la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, no ha sido fácil enterarse cómo votaron los representantes de Río Negro en dicha sesión. Poca difusión han tenido sus posturas y razones. Sólo el diputado Jorge Cejas, que estuvo en cada debate que hubo en la provincia sobre esta ley desde el mes de mayo, y el diputado Hugo Cuevas se quedaron en el recinto y votaron por la afirmativa.

Los diputados Scalesi, Arriaga y Rossi se ausentaron. El primero suponemos que por orden de su mentor político Pablo Verani de quien ya conocemos su postura conservadora y privatista por su gestión provincial, los otros dos se retiraron del recinto para alinearse con la orden de su nuevo jefe político Felipe Solá, sumados a la estrategia de la oposición que ninguneó desde mayo en adelante todos los debates sociales y políticos que hubo sobre esta ley, basada sobre todo en podrir al máximo la sesión especial, tirando por los medios (y no en el congreso) argumentos formales y lamentables para esconder que en realidad son los que bancan a los monopolios mediáticos, porque son sus dueños, sus socios o les tienen miedo. Esto de dar el debate por los grandes medios monopólicos, en lugar de darlo en el Congreso los pinta de cuerpo entero: refleja su vocación política de servir al poder mediático, antes que al pueblo que los votó para trabajar, debatir y legislar en el Congreso y no para podrir todo cuando ven que pueden perder una votación.

Los diputados por Río Negro que se ausentaron del recinto nunca participaron de ningún debate sobre la ley de medios. Uno se ha sentido declarado enemigo de algunas radios comunitarias. Otro ha echado de la cancha del club que preside, a periodistas que lo criticaron. La otra nunca habla, así que no sabemos, o tal vez hable y como los medios no la publican, no nos enteramos. La cuestión es que son la contracara del debate social y profundo que hubo sobre esta ley de medios, donde mucha gente ha opinado a favor y en contra con verdadera pasión y compromiso. A ellos parece que no les interesó el problema, tanto que ni estuvieron allí para dar el debate. Incluso es difícil entender desde su estrategia de construcción política su actitud como diputados: no se sabe bien qué lugar ocupan en la provincia con los planes de Macri, Solá, de Narváez, Carrió o Morales. Ojalá que podamos encontrar mejores argumentos para entender, sino se nos impondrá la idea que muchos tienen de que hacen lo que les conviene, no al pueblo o al sector político que integran, sino exclusivamente a ellos como individuos. Una vez más la sombra de haber crecido políticamente en los noventa los señala: son la antipolítica, la exacerbación más clara del raudo y rampante pragmatismo, que no conoce de proyectos colectivos y estratégicos, ni de lealtades, ni de nada que no sea su propia conveniencia. Así nos fue con esta gente, cuya hegemonía explotó en el 2001, pero aún persisten y luchan por volver como cultura política. Ojalá que tengamos los reflejos suficientes para entender, en cualquier partido que se de (porque ellos no son de ningún partido ni agrupación política en realidad), que la acción de quienes cultivan la antipolítica como estos personajes, no construye la democracia, la desalientan, la embarran, la deslegitiman, porque creen que lo único que existe es el mercado, que el debate que sirve es privado y no público y que el poder real siempre estará lejos del pueblo. Y la democracia, mal que nos pese, es o debe ser el gobierno del pueblo. Los verdaderos debates se dan en la calles, en los foros, en las asambleas o en el Congreso. Ojalá que la nueva ley de medios nos permita que la comunicación refleje esos debates y no sólo los debates privados que difunden los medios monopólicos.

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